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Describo
a las personas como las percibo y no
como se ven físicamente. Disfruto las
cosas simples de la vida; me causa un
placer especial cocinar para mis amigos,
abrir una botella de vino; paladearlo,
sentada cerca de la chimenea o en el
jardín; leer arrullada por música (boleros,
pop, fados, ópera, rock, música
celta...).
Los goces sencillos
son placeres maravillosos y reconfortantes.
Prefiero darme el tiempo necesario para
cultivar un buen vino, un buen amigo,
un buen amor. Todo ocurre en un orden
divino y sí hasta hace un par de meses
tenía prisa o apuro; ahora sé
que todo está gobernado por la ley de
la inmutabilidad, la misma que era ayer,
la misma que será mañana.
Lo
que pensamos es lo que somos... continuar
leyendo...
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