Soy
al mismo tiempo un roble (Carballo), el árbol
mágico de los Druidas, un pinar, un páramo,
un tulipán negro.

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Disfruto las aguas
azules y cristalinas tanto de los ríos, lagos como
de los mares. Caminar descalza en la arena me hace feliz,
como si en mi corazón siempre habitara la curiosidad
de una niña que puede sorprenderse aún con
las cosas ya vistas. Ver el firmamento me hace saber que
la tierra y el cielo pueden amarse para dar a luz a la unidad.
Caminar por la montaña, acariciar las rocas, sumergir
las manos en los ríos me hace vasta, es tanta la
dulzura que existe en la naturaleza que es un privilegio
respetar la vida en todas las manifestaciones.
Cada espacio tiene algo que ofrecerme:
un amigo, una mirada, una soledad, un abrazo, un beso,
una oración, un sol, una luna, una sonrisa, un
platillo típico, un vaso de vino, un libro, un
río, un puente, un castillo, una poesía,
un silencio, un canto celta. ¡Miauuuu!.
Como dice mi madre, "es preciso
aceptar el paso de los años"; la mujer insegura
y amargada no va por el camino en armonía y de
repente le llega el trote de la vida y envejece enseguida.
Por eso cumplo años todos los días y los
descumplo por la noche; con certeza prefiero crecer que
envejecer. Tengo edad suficiente para ser ... así
nada más: "ser".
Mientras más tengo, menos obvio
es todo; el deseo, el maquillaje, no han dejado de estar;
pero ya no son visibles. Me ocupo en vez de pre-ocuparme.
Estoy involucrada conmigo, con la fe, con el amor, con
la aceptación, con la familia, con mis amigos,
con la sociedad, con la solidaridad, con la paz.
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