Sé
que vivo lo más coherente que puedo porque a
mis sueños les doy un toque real.
La música en el crepúsculo
es afrodisíaca y la pasión sin ternura
es algo que no me vale.

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Y aunque lloro
como todo el mundo -o un poco más que la mayoría-,
puedo reírme de mí al comprender que todo
es causal y no casual.
Por esto mismo y mis convicciones tengo
cuidado con no tener deudas emocionales o de honor. La
palabra tiene un gran peso; si digo te amo lo asumo y
no varía de un momento a otro; amar no es un compromiso
con otro, es un compromiso conmigo. Y como no todo lo
que quiero me hace bien, acepto que hay cosas o situaciones
que no son para mi. Guardo el luto necesario ante las
pérdidas, que puede corto o largo pero es el tiempo
que necesito. Antes me cortaba el cabello en cada desilusión;
y ahora ante cada batalla perdida ya no lo hago; me deje
crecer el cabello como un velo necesario ante la desnudez
del mundo pero hace unas semanas entendí que el
velo es interior.
Creo que todo se paga en esta tierra
y que ninguna persona debe sufrir por nuestros errores.
Nadie puede dañar el corazón, la integridad,
la vida de otro sin que esto tenga consecuencias que generan
deudas a pagar.
Estoy segura de que la fidelidad existe,
pero la primaria es ser fiel a uno mismo; respetar el
cuerpo, el alma, el corazón, el espíritu
es mi manera comprometida de tratar de explicar que amar
a alguien lleva un caudal de energía y que por
eso, el hacer el amor tiene una constancia sagrada de
crecimiento. Se que esto suena pasado de moda, pero los
valores no pasan, no son desechables. Se es o no, y a
mi me gusta más tener el compromiso de hacer el
amor con el cuerpo y con el alma. La razón de "ser",
unido con la fuerza del corazón de "hacer"
no van por separado. Creo que el amor es protección
pero en pareja hay que protegerlo en el jardín
secreto para tener ritos en común; hacer que cada
cambio sea parte de la cinta sinfín que hace crecer
y que dura toda la vida.
Se que tengo responsabilidad sobre mis
actos y por lo tanto de mi destino. Muchas veces pierdo
el camino, pero sinceramente intento retomarlo lo más
pronto posible. No quiero, no acepto el cambio del amor
por el dolor. Es simple comodidad, quizás, pero
es fundamental para mi tener dignidad en cualquier contexto.
Acepto mi parte oscura y mi parte de luz. Soy un vigía
de mis sendas y naufragios.
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