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PIEDRAS
NEGRAS
Señalo con piedras negras
que abandonamos la morada
que cobijó el paraíso.
En algún lugar rodeado de ónix,
perdido en deseos tardíos,
se desliza el fuego
de nuestra sombra.
Piedra de Luna
Inscrito en el
Libro de las noches selenitas
soplan vientos alisios
y un ballet de estrellas doradas fluye,
desgranando secretos.
Las noches son zafiros
y la Luna de Piedra
camina herida
rodeada de estrellas frías.
Perdimos la carta de navegación entre adornos de hierro. Arrojamos la luz al campo de resina y la ruta quedó velando el retorno a la fusión de nuestras lenguas, para constelar la sal en un viaje sin tiempo...
El mundo me es tan ajeno, tan armado de llantos, que me hiela, y mis piernas se estremecen con las batallas que derrumban la bondad del ser humano.
¿Dónde aprendiste de los pecados?, ¿quién rompió tu marcha de hombre sediento y te bordó de desolación e incertidumbres?
¿Habrá que combatir con melodías la mirada del madrigal que lame la muerte? ¿Cuánto dura el dolor hasta que inunda las arrugas y escribe en acertijos resueltos
que el cabello es sólo un montón de cosas inertes?
Triste el llanto que astilla los átomos de la alegría.
Triste es cualquier día que suma once y que puso lastre al presente derrumbando tu respiro en los robles, colocando el amor bajo las piedras negras.
La bitácora
Labios que hendían agua en la caída.
Itaca apagó la cintura y los escritos,
el mundo silente llenó los resquicios de la frente
y la pesadilla se fundió
como el silencio, entre los labios.
Lot
Curvada
desolada
me arrodillo ante la multiplicidad
Soy de sal
Lot impactada
Lot redimida
Estatua insomne
muriendo de poco a poco
por mirar lo que no era verdad.
La piedra en el camino
Historias de desamores
escritas en el dorso de la mano,
el resplandor quema las horas
y la redención
se esconde en una esquina.
¡Sorpréndeme!
es la hora de las visitaciones,
el hechizo es viveza
rompiendo los espejos;
y mil cristales ensangrentados
giran en el corazón.
Las ideas solapan las lágrimas,
las esperanzas consultan
la brújula
y un mar solitario
se fatiga en el silencio.
¡Sálvame!
Los estigmas se arriesgan
en el tornasol de la oscuridad;
la víspera es la palabra
que reduce las estrellas,
pegoteadas en la bóveda
al canto de un jilguero.
Un perro ladra a lo lejos.
Planto los pies en el lenguaje
y las palabras: sol, puente, cielo,
escriben una página más
en el monograma de la insurrección.
¡Dame tu luz!,
escríbeme un poema,
haz añicos las tinieblas.
El silencio mata más
que la espada.
Tristeza mía
eras ayer, el día antes de ayer,
la noche inmensa,
la mano que custodiaba la alegría.
El tiempo se rehace
y las calles edifican
pasos siguiendo pasos.
Lluvia esposada a los edificios
que parpadean estrellándose
a contraluz contra el amor.
Él se ha mudado
y el hogar es sólo una casa más.
Se llevó su sonrisa satinada,
la almohada,
la sangre;
el arte clandestino.
La eternidad de las respuestas,
los dibujos de su cuerpo desnudo.
Camino en la ciudad desierta,
hay lápidas en cada calle,
muertos los besos
se despeñan desde el
puente del Río del Olvido.
Rotas las manos
intentan moldear su espalda
en cada muro.
Hablo con mis fantasmas,
el puñal y el puente esperan.
No hay nada que ganar o perder.
A semejanza de los naipes
que sin as se deshabitan
en una mesa desierta.
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