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PIEDRAS
BLANCAS Y NEGRAS
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Libro Piedras Blancas
¿Dónde dejarás mi corazón
cuando te vayas?
¿Encima de las flores?
¿Arriba de los árboles?
¡Debajo de las piedras!
Ylia Kazama
A manera de prólogo
... una piedra en el camino me enseñó
que mi destino era rodar y rodar...
(Canción Mexicana-José A. Jiménez).
Porque somos de piedra y de
granito,
el cuadrante entre ambos es testimonio
que transcurrimos en el tiempo
comiendo del cuenco del amor
agonías, silencios, adioses.
Ocultamos la muerte y la creación
tomó forma en una cronología de reconciliación
ungida con cantos del Río Miño. Creamos un mundo
de rocas, donde había vacío y distancia pusimos
al amor, pintando con ternura surrealista un mundo imaginario
sin ego, con hambre compartida y manifestada.
Siete días hicimos el amor con claridad,
con un presagio atroz de locura, delirio, suavidad y confianza;
escribía cartas donde firmaba ... te amo y no
te digo nada... todavía. Pero el alma, convertida
en humus, se fue durmiendo en una barquita que pestañeaba
en el mar de rocas del destierro.
Mojamos los guijarros con sudor agraz de
uvas verdes, elevamos en todas direcciones cantos resplandecientes
y recolectamos hojas que se aventuraron a cubrir los graznidos
de las aves. Los cruceiros que brillaban a media tarde hablaban
en voz baja. La pasión estaba habilitada y la ternura
despertaba en tu cuerpo; piel que despacio fue pasando a mis
secretos; entregándose como una carta escueta que sostenía
entre los dedos. Escribíamos y borrábamos de
los carballos nuestros nombres, la algarabía fue tomando
el disfraz de melancolía y entre suspiros, sin saberlo,
labramos un muro.
Fuimos caricias imposibles, fechas con una
lápida inscrita desde el nacimiento. Nos enamoramos
del silencio lapislázuli que inventó nuestras
palabras. Las bocas narraron la unidad humana y el vínculo
era, desde el tiempo de los tiempos, coincidente en el espejo
de las almas. Duramos lo que dura el sueño que golpea
el corazón, construimos con júbilo la larga-corta
travesía de nuestro amor y luego, cumpliendo la promesa
de morir, lo exiliamos de su tierra natal, dejándolo
impúdicamente desnudo en medio de la mar.
Rompimos los diques de los viejos anhelos
respondiendo deseo a deseo. Y fuimos piedras calizas edificadas
en la ternura irreal de los humanos que no tienen réplica
en la poesía, ni en la permanencia del escrito.
Como rocas vigilamos la barca,
las redes que en largas filas
curaban al mar de los sueños rotos,
que interrogan el hambre.
Dibujamos peces para colgarlos
y el espejo se tornó en sangre
que se ciñó a nuestras pieles
cubiertas de granito.
Mordimos los relatos, las persecuciones
de nuestros fantasmas y en la buhardilla, pinté estas
rocas, una a una y con ellas cubrí nuestra cama.
Deshojamos la guerra sin condiciones,
sin tomar la precaria voluntad
se hizo el mundo
siguiendo el Evangelio
según San Petrus;
el corazón que quería ser nube se agitó,
se hizo agua filosofal
y llorando escribí este testamento
sobre una piedra blanca y otra negra....
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Pronto ....
PIEDRAS
NEGRAS
Señalo con piedras negras
que abandonamos la morada
que cobijó el paraíso.
En algún lugar rodeado de ónix,
perdido en deseos tardíos,
se desliza el fuego
de tu sombra.
Piedra de Luna
Inscrito en el
Libro de las Noches Selenitas
soplan vientos alisios
y un ballet de estrellas doradas fluye,
desgranando secretos.
Las noches son zafiros
y la Luna de Piedras
camina herida
rodeada de estrellas frías.
Perdimos la carta de navegación entre
adornos de hierro. Arrojamos la luz al campo de resina y la
ruta quedó velando el retorno a la fusión de
nuestras lenguas, para constelar la sal en un viaje sin tiempo...
El mundo me es tan ajeno, tan armado de llantos,
que me hiela, y mis piernas se estremecen con las batallas
que derrumban la bondad del ser humano.
¿Dónde aprendiste de los pecados?,
¿quién rompió tu marcha de hombre sediento
y te bordó de desolaciones y de no entiendo?
¿Habrá que combatir con melodías
la mirada del madrigal que lame la muerte? ¿Cuánto
dura el dolor hasta que inunda las arrugas y escribe en acertijos
resueltos que el cabello es sólo un montón de
cosas inertes?
Triste el llanto que astilla los átomos
de la alegría. Triste es cualquier día que suma
ocho y que puso lastre al presente derrumbando tu respiro
en los robles, colocando el amor bajo las piedras negras...

Sangrar
¿Cómo querías
que pensara mientras besabas mi cuerpo?
Cuando tus labios bordaban caricias, todo era alegría.
Mi conciencia estaba desmayada, la razón alucinaba.
Penetraba a raudales el fluido
de vida.
Tu boca melodiosa, ola breve ¡poderosa!
¿Cómo podía pensar?
Si por mi boca entraba tu saliva,
llegaba a la garganta y toda yo, ¡explotaba!
¡Estallaba el deseo!
Mis piernas emanaban gozo, ternura;
me invadían las estrellas.
Era la noche y el sol del medio día;
la explicación, la respuesta... ¡la vida!
¿Te das cuenta?
La mano que tocaba, el cuerpo que engullía tu abrazo.
Temerariamente me arranqué los oídos.
Me sumergí en tu cuerpo,
me sentí plenamente invadida.
¿Pensar?... ¿Junto
a tus piernas dibujando caricias?,
conociendo el desorden de tus cabellos al viento.
Latiendo al unísono... ¡gritando, aullando!
Sintiendo deslizarse tu alegríaen mi vagina;
¿quién piensa con besos y palabras inéditas?
¿Quién piensa?
Cuando los sentimientos son relámpagos que dan luz
a la noche;
cuando las sensaciones son tales, que abarcan todo el cuerpo.
Te amé esa noche más,
¡más de lo que sabía!
¡Te amé!, y no pensé que eras mentira.
Te amé, ¡oye, te amé! y se me fue la vida.
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