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Juglares
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| Juglar:
El que cantaba,
hacía música, decía poesías de los trovadores
o recitaba para recreo de los reyes y público
en general.
En España
se menciona por primera vez la palabra en
1116 época en que aparecen los Juglares en
León.
Los juglares
son de más antiguo origen que los trovadores.
En la Edad Media la gente no iba en pos de
las distracciones, ellas venían a ellos. Al
principio a los que llevaban estas distraciones:
tocar flauta, algún instrimento, hacer malabares,
cantar eran llamados Ministriles; sí alguno
complacia al señor feudal de una manera especial
era llamado el Bufón del señor feudal.
Los trovadores
eran los poetas que iban de un lado a otro.
Usualmente sus obras contaban las hazañas
de príncipes o héroes. Muchos de ellos eran
nobles pero eran amantes de la libertad y
sólo esta profesión les brindaba el espacio
libre que requerían.
En este espacio
los Juglares también son los señores de la
plegaria erótica.
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Noble
Juglar:
Señor y Príncipe,
en esta tarde de lluvia he venido a tu sepulcro
con un ramo de violetas cortadas en el alba...
De la plomiza eternidad me separa tu lápida,
y la impotente amargura de estarte vedada,
como la llovizna y el viento.
Te he traído
esta ofrenda porque, aunque lo ignoras,
tomé parte en algún profano sueño de tu atávica continencia.
Cenobita frustrado!, galán de provincia!.
Qué no daría por escucharte
tras la reja de un viejo balcón,
enjoyado con rústicos tiestos floridos, y oír tu voz,
sobre la penumbra inválida
de los jardines de tu pueblo.
Verte pasar a la hora el Ángelus,
con tus imaginarias hormigas,
con tus arañas lúbricas y tus salmos israelitas.
Me gustas así,
teñido de cuaresmas anacrónicas,
de silicios y de incendios,
con labios repletos de oraciones
y eróticas plegarias
y de embriagadores éxtasis...
Tu ánimo me persigue, tu ánima impoluta.
Y es que te pareces a mí
en esa erizada angustia
de tu lucha con el ángel...
Considérame
tu viuda para poder llorarte.
*Guadalupe Dueñas a
Ramón López Velarde
"Tiene la Noche un árbol"
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"Ven"
Ven, mi amor, en la tarde de Aniene
y siéntate conmigo a ver el viento.
Aunque no estés, mi solo pensamiento
es ver contigo el viento que va y viene.
Tú no te vas, porque mi amor te tiene.
Yo no me iré, pues junto a ti me siento
más vida de mi sangre, más tu aliento,
más luz del corazón que me sostiene.
Tú no te irás, mi amor, aunque lo quieras.
Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
aún yéndote, mi amor, jamás te irías.
Es tuya mi canción, en ella estoy.
Y en ese viento que va y viene voy,
y en ese viento siempre me verías.
Rafael Alberti
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