El Bárbaro
cabalgaba a tropel por la llanura
el gesto duro, la espada a la espalda
sucias las botas del polvo del camino
Abriose paso sin miramientos cuando hubo menester.
Hizo entrada en el pueblo, los hombres miraron
algunos en advertencia, otros con temor
Apartábase la gente al paso
Detuvo el corcél frente a una casa
Bajó del caballo, lo amarró al poste
Se retiró el casco, desenvainó la espada;
empujó la puerta con cuidado,
buscó acucioso con la mirada
Se dirigió a una recámara, y al umbral
de la puerta
clavó la espada en el piso de tierra.
Se hinco con la cabeza baja
Una anciana, sentada frente a la ventana
se puso de pie, caminó hacia el bárbaro
le tomó la cabeza, le dió la bendición,
la besó
El bárbaro alzó la mirada y sonrió,
mientras
pronunciaba una palabra ante el único poder
que veneraba: MADRE !.
El Lobo
Venerando
Eduardo García
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