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Juglar: Max
No se me caen los anillos por degustar los carajillos
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Estimada
concurrencia:
Las flaquezas son síntoma de tiempos de opulencia.
Tengamos, pues, la paciencia de sobrevivirlas.
Aparte, si en la desolación no hacer mudanza,
que nos empape la alegría para solazarnos
por el camino y, si salen a cazarnos, que
nos importe un comino: camino con alegría
sobre la tierra baldía y me hace una gracia
terrible sonar a misa de doce, porque el abajo
firmante desde niño las conoce y recuerda
como siempre le picaba la etiqueta de la camisa
y miraba atontado los santos que colgaban
de la repisa.
Yo hubiera
estornudado mucho de ser uno de ellos. Me
alegra que, por entonces, no coleccionara
sellos; que leyera en el retrete; que fuera
ya el mozalbete que robaba huevos de pato;
que me quitara un zapato en clase y tuviera
un tomate en el calcetín y que leyera a Tintín
y bebiera vino "Arrate" a hurtadillas y soñará
pesadillas. Pues si la reputación fue algo
que llevo tiempo conseguir, nunca dude' que,
una vez que crías fama, puedes echarte a dormir.
Y si crías cuervos, ni siquiera tienes que
bajar la persiana, porque no te despierta
la luz en la mañana. Definitivamente, las
flaquezas son síntoma de opulencia.
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Hay tantos mares como doncellas,
pero menos que botellas: esta es la verdad. Algunos
son fértiles, otros son estériles: esta es la verdad.
Algunos, al desvestirlos se sonrojan; otros, ellos
solos de sus prendas se despojan: esta es la verdad.
Algunos, de seno generoso que asemeja una ubre; otros,
una hoja liviana al viento de octubre: esta es la
verdad. Pero saca a un pez de uno de ellos y veras:
siempre abrirá la boca y mostrara los colmillos. Esto
pienso ahora, degustando carajillos, esta es la verdad,
envuelta en prosodia de tarjeta de felicitación comprada
en un supermercado: y se' que esta es la verdad porque
se' lo que es un pez y se' lo que es un pescado. Es
un lujo y un pecado el orujo en el café, pero las
flaquezas son síntoma de opulencia. O sea que, con
urgencia, debo gastarme la herencia en comprarme un
buen redil y pescar el mes de abril, y mirarle los
colmillos degustando carajillos: a ver si todo cambia
de raíz y dejo de pescar en mi nariz.
Max Braguetini, Vizconde
p.d.: Lo último no hay ni que decirlo: que la plebe
tenga la paciencia de sobrevivirlo.
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