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"Hay que restablecer la paz
y la tranquilidad publica. Una mano esta tendida; los mexicanos
diran si esa mano se queda tendida en el aire"
Gustavo Diaz Ordaz
Presidente de la Republica
1o. de agosto de 1968
"No quisieramos vernos en el caso de tomar medidas que no
deseamos, pero que tomaremos si es necesario; lo que sea nuestro
deber hacer, lo haremos; hasta donde estemos obligados a llegar
llegaremos"
Gustavo Diaz Ordaz
Presidente de la Republica
1o. de septiembre de 1968
La Noche Triste de Tlatelolco - 2 de octubre 1968
No era la más grande de las múltiples manifestaciones que
habían transcurido esos últimos meses. Los 10,000 estudiantes,
amas de casa, ferrocarrileros, madres, niños, clamaban contra
los usurpadores de la revolución de Zapata y Villa en el mismo
lugar donde un lugarteniente de Zapata le enseño a Villa a
leer mientras compartían la misma celda (1912); en el mismo
lugar donde Cuauhtémoc fue derrotado por Cortés (1521); en
el mismo lugar donde los hijos del valle de México mantuvieron
su mercado durante siglos antes y después del arribo de los
europeos. Los estudiantes pedían libertad para los presos
políticos, un alto a la ocupación militar de sus universidades
y amenazaban con avergonzar al gobierno durante los juegos
olímpicos que solo faltaban diez días para empezar.
A las cinco y media de la tarde la muchedumbre ya se había
reunido en la plaza de las Tres Culturas, y los francotiradores
gubernamentales ya se habían colocado en el edificio residencial
que queda al lado de la plaza. Desde un helicóptero las luces
de bengala dieron la seña y comenzó ``el fuego intenso [que]
duro 29 minutos.'' Venía de los miles de soldados que habían
cercado a los manifestantes. Venía de los francotiradores.
Venía de los helicópteros. Se ``podría reconocer al hombre
que iba disparando desde el helicóptero de lo cerca que pasó''.
Mientras tanto la policía, vestida de civil, cazaba a la gente.
Tenían como contraseña un
pañuelo blanco en la mano derecha. ``El fuego sobre el [edificio]
alcanzó tan gran magnitud que, cerca de las 19 horas comenzó
a incendiarse gran parte del edificio.'' ``Se inicia una descarga
más intensa que cualesquiera de las otras, que se prolonga
más, más y más. Sesenta y dos minutos de fuego nutrido hasta
que los soldados no soportan el calor de los aceros enrojecidos.''
Mientras los cadáveres se amontonaban en la plaza, las puertas
del convento continuaban cerradas para los que desesperadamente
intentaban entrar.
A las cero horas dejaron de escucharse disparos en el área
de Tlatelolco.'' Durante la noche soldados y policias buscaban
y cazaban a los que se escodían en los edificios y departamentos.
Familias enteras fueron obligadas a abandonar sus viviendas
después de un riguroso exámen y registro. Murieron más de
300 personas. Miles y miles más yacían heridos. A los sobrevivientes
los ``golpean como si estuvieran quebrando piñata''. ``A un
muchacho lo hincaron y le trozaron mechones con la bayoneta"
El encabezado del Excélsior
del jueves 3 de octubre 1968 lee: ``Recio Combate al Dispersar
el Ejército un mítin de Huelguistas. 20 Muertos, 75 Heridos,
400 Presos''. El dirigente de la operación, general Jose Hernández
Toledo, quien recibio un balazo en el tórax fue presentado
como prueba de la agresión estudiantil. ``Creo que si se quería
derramamiento de sangre ya es más que suficiente con la que
yo ya he derramado'' declara el señor general.
Tomado de testimonios colectados en el libro ``La noche de
Tlatelolco'' por Elena Poniatowska
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