|
La Virgen de
Guadalupe
|
A la llegada de los
españoles en 1521 encontraron un pueblo azteca sin evangelización
y con gustos de crueldad que un año fue capaz de sacrificar
a por lo menos unas 20,000 personas.
Tiempo después fray Juan
de Zumarraga junto con otros mas fue enviado para evangelizara
este pueblo. La labor era difícil, pero con su trabajo y oraciones
lograron algo extraordinario.
El
8 de diciembre de 1531 ocurrió algo que ayudo a México a convertirse
en un país de los mas católicos del mundo.Ese día un indio
llamado Juan Diego, al dirigirse a misa, vio una hermosa señora
la cual le pidió que fuera a ver al obispo para que le construyese
una iglesia. Debemos saber las veces tuvo que ir Juan Diego
con el obispo no le creían y en una de ellas Juan Diego trato
de evitar que nuestra madre lo viera pues llevaba mucha por
que su tío estaba muy enfermo, a lo cual nuestra madre lo
encontró y le dijo una de las mas grandes cosa que le ha dicho
la providencia a nuestro pueblo -¿no estoy yo aquí que soy
tu madre? - fue entonces cuando su tío fue curado. pero hemos
de saber que es nuestra madre la que nos ha salvado de todas
aquellas persecuciones que ha habido contra nuestra iglesia.
El obispo le pidió una señal,
la cual fue concedida cuando Juan Diego se presento por tercera
vez con el obispo.
El 12 de diciembre del mismo
año su manto de Juan Diego mostró impresa la imagen de nuestra
Santísima Virgen.
Bastaron unas horas para
que miles de indios se acercaran a ver la imagen.
A partir de esto 15000 indios
venían a diario para recibir el santo bautismo, según cuentan
los historiadores.
Su figura
El nombre de la virgen en su dialecto "Coatlaxoupeuh" significa
"la que aplasta la serpiente de piedra". Era el anuncio de
la muerte de Quetzalcóatl, el Dios serpiente al que le sacrificaban
varias vidas.
Esta de pie sobre una media luna negra, la cual representa
a la terrible Coyolxauhqui, reina de las tinieblas.
Esta delante del sol, el mas temible de sus dioses.
El sol, la luna y las estrellas para ellos era la vida.
El 12 de diciembre de 1531 era el solsticio de invierno, que
significaba el comienzo de una nueva era de vida.
El tono de su piel, lo negro del cabello y sus ojos eran la
prueba de que era una de los suyos.
Las grandes flores que están dibujadas simbolizaban la presencia
de Dios.
Los brazaletes que lleva son los mismos usados por las siervas
de los grandes señores.
El ceñidor negro daba a conocer que estaba embarazada.
Pero lo principal seria la crucecita de el cuello de su vestido,
en ella los nativos reconocían la cruz que venia en los barcos
españoles y si esta señora decía que era su madre y tenia
la cruz de los misioneros significaba que la religión católica
traída por los misioneros era la verdadera.
La imagen
de la ciencia
El hilo que une las dos partes de que consta la imagen se
ladeo al llegar al rostro para no afear su hermosura.
Por el anverso, donde aparece
la imagen, la tela es como de seda; y por el reverso es áspera
y llena de aristas.
Jamás le toca un solo átomo
de polvo y la respeta todo el linaje de insectos que destruyen
todo cuanto encuentran.
Su inmunidad ante la acción
del ácido nítrico que quema y deshace, no le daño cuando en
1791 le toco gran cantidad.
Ni la llama de las ceras
durante 116 años que no tuvo cristal, ni la bomba de 1821
le hicieron daño.
Los pintores se asombran
de cómo pudo estamparse la imagen en un lienzo tan ralo y
sin aparejo.
Los colores utilizados para
pintarla no son de origen vegetal, animal ni mineral; y en
aquel tiempo no había colorantes artificiales.
La forma de pintar no se
distingue si fue hacia abajo, arriba, circular o diagonal.
En sus ojos de la virgen aparece Juan Diego en la parte superior
de su tilma se alcanza a notar el rostro de la virgen dentro
de sus ojos, como si hubiera estado mirando.
Desde hace ya mas de 450
años la tilma de ayate se conserva tal y como en ese tiempo,
la cual hubiera durado por lo menos 20 años.
|
|
Palabras de
la Virgen a Juan Diego
9-XII-1531
(cuatro y cinco de la madrugada:
- "Juanito, Juan Dieguito."
- "Oye, hijo mío, Juanito, el más pequeño de mis hijos,
¿a dónde vas?"
- "Sabe y ten por seguro mi hijo mío el más pequeño,
que yo soy la siempre Vírgen Santa María, Madre del
verdadero Dios, Aquel por Quien Vivímos, de El Creador
de personas, de El Dueño de lo que está Cerca y Junto,
del Cielo y de la Tierra."
- "Quiero mucho y deseo vivamente que en este lugar
me levanten mi templo. En donde Lo mostraré, Lo ensalzaré
al ponerlo de manifiesto: Lo daré a las gentes en
todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en
mi auxilio, en la salvación.
"Porque yo soy vuestra Madre misericordiosa, de ti,
y de todos los hombres que viven unidos en esta tierra,
y de todas las personas que me amen, los que me hablen,
los que me busquen y los que en mí tienen confianza.
Allí les escucharé sus lloros, su tristeza, para remediar,
para curar todas sus diferentes penas, sus miserias,
sus dolores.
"Y para que pueda hacerse lo que pretende mi compasiva
mirada misericordiosa, ve a la casa del obispo en
México, y le dirás cómo yo te mando como mi mensajero,
para que le hagas presente cómo yo deseo mucho que
aquí me haga una casa, que levante mi templo en lo
plano. Le contarás bien todo lo que has visto y admirado
y lo que has oído.
"Ten por seguro que lo agradeceré mucho y lo pagaré,
que por ello te he de hacer dichoso, te glorificaré
y mucho merecerás que yo recompense tu fatiga y tu
trabajo, con que vas a poner por obra lo que te encomiendo.
Ya has oído mi mandato, hijo mío el más pequeño; anda,
haz lo que esté de tu parte"
9-XII-1531
(tarde a la puesta del sol)
- "Oye, hijo mío el más pequeño, ten por cierto que
son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes
puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad.
Pero es muy necesario que tú personalmente vayas y
hables de esto, y que precisamente por tu mano se
cumpla mi voluntad.
"Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño y con toda
energía te mando que precisamente vayas otra vez mañana
a ver al Obispo. Y en mi parte hazle saber, hazle
oír bien mi voluntad, para que haga mi casa que le
pido. Y otra vez dile que yo en persona, la siempre
Vírgen María, la Madre de Dios, te envía."
10-XII-1531
(tarde a la puesta del sol)
- "Bien está, hijito
mío, volverás aquí mañana para que lleves al obispo
la señal que te ha pedido. Con eso te creerá y acerca
de esto ya no dudará ni de ti sospechará.
"Y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado
y el trabajo y cansancio que por mí has hecho; ahora
vete que mañana aquí te espero."
12-XII-1531
(madrugada entre las cinco y las seis)
- "¿Qué pasa, el más pequeño de mis hijos? ¿A dónde
vas, a dónde te diriges?".
- "Oye y pon bien en tu corazón, hijo mío el más pequeño:
nada te asuste, nada te aflija, tampoco se altere
tu corazón, tu rostro; no temas esta enfermedad ni
ninguna otra enfermedad o algo molesto, angustioso
o doliente."
"¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo
mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu
alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en donde
se cruzan mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna
otra cosa?.
"Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que
no te preocupe con pena la enfermedad de tu tío, porque
de ella no morirá por ahora. Ten por seguro que ya
sanó."
"Sube hijo mío el más pequeño, a la cumbre del cerro,
a donde me viste y te di ordenes. Allí verás que haya
variadas flores: córtalas, reúnelas, pónlas todas
júntalas. Luego baja aquí; tráelas aquí, delante de
mí."
- "Hijo mío el menor, estas diferentes flores son
la prueba, la señal que llevarás al Obispo; de mi
parte le dirás que vea en ellas lo que quiero, y que
con esto se realice mi voluntad y mi deseo.
Y tú... tú eres mi
mensajero, en ti pongo toda mi confianza. Y con toda
energía te mando que solamente en presencia del Obispo
abras tu ayate y le enseñes lo que llevas. Le contarás
bien todo, le dirás que te mandé que subieras a la
cumbre del cerrito a cortar flores, y todo lo que
viste y admiraste, para que puedas convencer al gobernante
sacerdote, para que luego ponga todo lo que está de
su parte para que se haga, se levante mi templo que
le he pedido"
|
|
|
Oración a la Virgen de Guadalupe
Juan Pablo II
¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la
Iglesia! Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y
tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la
oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante
tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso,
a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te
consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor.
Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras
alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos;
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado,
Señora y Madre nuestra.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de
una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes
de tu mano amorosa.
Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos
los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de
intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios
y a las almas.
Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda
hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorga abundantes
vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe, y celosos
dispensadores de los misterios de Dios.
Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la
vida que comienza, con el mismo amor con el que concebiste en
tu seno la vida del Hijo de Dios. Virgen Santa María, Madre
del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, para que estén
siempre muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos.
Esperanza nuestra, míranos con compasión, enséñanos a ir continuamente
a Jesús y, si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver a él,
mediante la confesión de nuestras culpas y pecados en el Sacramento
de la Penitencia, que trae sosiego al alma.
Te suplicamos, que nos concedas un amor muy grande a todos los
santos Sacramentos, que son como las huellas que tu Hijo nos
dejó en la tierra.
Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, con
nuestros corazones libres de mal y de odios podremos llevar
a todos la verdadera alegría y la verdadera paz, que vienen
de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y con
el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén
|
Página en constante fe
|