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Nació en Fontiveros, provincia
de Ávila (España), hacia el año 1542. Pasados algunos años en
la Orden de los carmelitas, fue a instancias de Santa Teresa
de Jesús, el primero que, a partir de 1568, se declaró a favor
de su reforma, por la que soportó innumerables sufrimientos
y trabajos. Murió en Ubeda el año 1591, con gran fama de santidad
y sabiduría, de las que dan testimonio precioso sus escritos
espirituales.
Vida de Pobreza
Gonzalo
de Yepes pertenecía a una buena familia de Toledo, pero como
se casó con una joven de clase "inferior", fue desheredado
por sus padres y tuvo que ganarse la vida como tejedor de seda.
A la muerte de Gonzalo, su esposa, Catalina Alvarez, quedó en
la miseria y con tres hijos. Jitan, que era el menor, nació
en Fontiveros, en Castilla la vieja, en 1542.
Asistió a una escuela de niños
pobres en Medina del Campo y empezó a aprender el oficio de
tejedor, pero como no tenía aptitudes, entró más tarde a trabajar
como criado del director del hospital de Medina del Campo. Así
pasó siete años. Al mismo tiempo que continuaba sus estudios
en el colegio de los jesuitas, practicaba rudas mortificaciones
corporales.
A
los veintiún años, tomó el hábito en el convento de los carmelitas
de Medina del Campo. Su nombre de religión era Juan de San Matías.
Después de hacer la profesión, pidió y obtuvo permiso para observar
la regla original del Carmelo, sin hacer uso de las mitigaciones
(permisos para relajar las reglas) que varios Pontífices habían
aprobado y eran entonces cosa común en todos los conventos.
San Juan hubiese querido ser
hermano lego, pero sus superiores no se lo permitieron. Tras
haber hecho con éxito sus estudios de teología, fue ordenado
sacerdote en 1567. Las gracias que recibió con el sacerdocio
le encendieron en deseos de mayor retiro, de suerte que llegó
a pensar en ingresar en la Cartuja.
Conoce a Santa Teresa
Santa Teresa fundaba por entonces
los conventos de la rama reformada de las carmelitas. Cuando
oyó hablar del hermano Juan, en Medina del Campo, la santa se
entrevistó con él, quedó admirada de su espíritu religioso y
le dijo que Dios le llamaba a santificarse en la orden de Nuestra
Señora del Carmen. También le refirió que el prior general le
había dado permiso de fundar dos conventos reformados para hombres
y que él debía ser su primer instrumento en esa gran empresa.
Con Santa Teresa, reformador
del Carmelo
La
reforma del Carmelo que lanzaron Santa Teresa y San Juan no
fue con intención de cambiar la orden o "modernizarla"
sino mas bien para restaurar y revitalizar su cometido original
el cual se había mitigado mucho. Al mismo tiempo que lograron
ser fieles a los orígenes, la santidad de estos reformadores
infundió una nueva riqueza a los carmelitas que ha sido recogida
en sus escritos y en el ejemplo de sus vidas y sigue siendo
una gran riqueza de espiritualidad.
Poco después, se llevó a cabo
la fundación del primer convento de carmelitas descalzos, en
una ruinosa casa de Duruelo. San Juan entró en aquel nuevo Belén
con perfecto espíritu de sacrificio. Unos dos meses después,
se le unieron otros dos frailes. Los tres renovaron la profesión
el domingo de Adviento de 1568, y nuestro santo tomó el nombre
de Juan de la Cruz. Fue una elección profética. Poco a poco
se extendió la fama de ese oscuro convento de suerte que Santa
Teresa pudo fundar al poco tiempo otro en Pastrana y un tercero
en Mancera, a donde trasladó a los frailes de Duruelo. En 1570,
se inauguró el convento de Alcalá, que era a la vez colegio
de la universidad; San Juan fue nombrado rector.
Con
su ejemplo, San Juan supo inspirar a los religiosos el espíritu
de soledad, humildad y mortificación. Pero Dios, que quería
purificar su corazón de toda debilidad y apego humanos, le sometió
a las más severas pruebas interiores y exteriores. Después de
haber gozado de las delicias de la contemplación, San Juan se
vio privado de toda devoción. A este período de sequedad espiritual
se añadieron la turbación, los escrúpulos y la repugnancia por
los ejercicios espirituales. En tanto que el demonio le atacaba
con violentas tentaciones, los hombres le perseguían con calumnias.
La prueba más terrible fue
sin duda la de los escrúpulos y la desolación interior, que
el santo describe en "La Noche Oscura del Alma". A
esto siguió un período todavía más penoso de oscuridad, sufrimiento
espiritual y tentaciones, de suerte que San Juan se sentía como
abandonado por Dios. Pero la inundación de luz y amor divinos
que sucedió a esta prueba, fue el premio de la paciencia con
que la había soportado el siervo de Dios.
En cierta ocasión, una mujer
muy atractiva tentó descaradamente a San Juan. En vez de emplear
el tizón ardiente, como lo había hecho Santo Tomás de Aquino
en una ocasión semejante, Juan se valió de palabras suaves para
hacer comprender a la pecadora su triste estado. El mismo método
empleó en otra ocasión, aunque en circunstancias diferentes,
para hacer entrar en razón a una dama de temperamento tan violento,
que el pueblo le había dado el apodo de "Roberto el diablo".
Glorias para Dios
En
1571, Santa Teresa asumió por obediencia el oficio de superiora
en el convento no reformado de la Encarnación de Avila y llamó
a su lado , San Juan de la Cruz para que fuese su director espiritual
y su confesor. La santa escribió a su hermana: "Está obrando
maravillas aquí. El pueblo le tiene por santo. En mi opinión,
lo es y lo ha sido siempre." Tanto los religiosos como
los laicos buscaban a San Juan, y Dios confirmó su ministerio
con milagros evidentes.
Entre tanto, surgían graves
dificultades entre los carmelitas descalzos y los mitigados.
Aunque el superior general había autorizado a Santa Teresa a
emprender la reforma, los frailes antiguos la consideraban como
una rebelión contra la orden; por otra parte, debe reconocerse
que algunos de los descalzos carecían de tacto y exageraban
sus poderes y derechos. Como si eso fuera poco, el prior general,
el capítulo general y los nuncios papales, daban órdenes contradictorias.
Finalmente, en 1577, el provincial de Castilla mandó a San Juan
que retornase al convento de Medina del Campo.
El
santo se negó a ello, alegando que había sido destinado a Avila
por el nuncio del Papa. Entonces el provincial envió un grupo
de hombres armados, que irrumpieron en el convento de Avila
y se llevaron a San Juan por la fuerza. Sabiendo que el pueblo
de Avila profesaba gran veneración al santo, le trasladaron
a Toledo.
Como Juan se rehusase a abandonar
la reforma, le encerraron en una estrecha y oscura celda y le
maltrataron increíblemente. Ello demuestra cuán poco había penetrado
el espíritu de Jesucristo en aquellos que profesaban seguirlo.
Sufrimiento
y unión con Dios
La
celda de San Juan tenía unos tres metros de largo por dos de
ancho. La única ventana era tan pequeña y estaba tan alta, que
el santo, para leer e1 oficio, tenía que ponerse de pie sobre
un banquillo. Por orden de Jerónimo Tostado, vicario general
de los carmelitas de España y consultor de la Inquisición, se
le golpeó tan brutalmente, que conservó las cicatrices hasta
la muerte. Lo que sufrió entonces San Juan coincide exactamente
con las penas que describe Santa Teresa en la "Sexta Morada":
insultos, calumnias, dolores físicos, angustia espiritual y
tentaciones de ceder. Más tarde dijo: "No os extrañe que
ame yo mucho el sufrimiento. Dios me dio una idea de su gran
valor cuando estuve preso en Toledo".
Los primeros poemas de San
Juan que son como una voz que clama en el desierto, reflejan
su estado de ánimo:
En dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
El prior Maldonado penetró
la víspera de la Asunción en aquella celda que despedía un olor
pestilente bajo el tórrido calor del verano y dio un puntapié
al santo, que se hallaba recostado, para anunciarle su visita.
San Juan le pidió perdón, pues la debilidad le había impedido
levantarse en cuanto lo vio entrar. "Parecíais absorto.
¿En qué pensabais?", le dijo Maldonado.
"Pensaba yo en que mañana
es fiesta de Nuestra Señora y sería una gran felicidad poder
celebrar la misa", replicó Juan.
"No lo haréis mientras
yo sea superior", repuso Maldonado.
En la noche del día de la Asunción,
la Santísima Virgen se apareció a su afligido siervo, y le dijo:
"Sé paciente, hijo mío; pronto terminará esta Prueba."
Algunos días más tarde se le
apareció de nuevo y le mostró, en visión, una ventana que daba
sobre el Tajo: "Por ahí saldrás y yo te ayudaré."
En efecto, a los nueve meses de prisión, se concedió al santo
la gracia de hacer unos minutos de ejercicio. Juan recorrió
el edificio en busca de la ventana que había visto. En cuanto
la hubo reconocido, volvió a su celda. Para entonces ya había
comenzado a aflojar las bisagras de la puerta. Esa misma noche
consiguió abrir la puerta y se descolgó por una cuerda que había
fabricado con sábanas y vestidos. Los dos frailes que dormían
cerca de la ventana no le vieron. Como la cuerda era demasiado
corta, San Juan tuvo que dejarse caer a lo largo de la muralla
hasta la orilla del río, aunque felizmente no se hizo daño.
Inmediatamente, siguió a un perro que se metió en un patio.
En esa forma consiguió escapar. Dadas las circunstancias, su
fuga fue un milagro.
Guía
y director espiritual
El santo se dirigió primero
al convento reformado de Beas de Segura y después pasó a la
ermita cercana de Monte Calvario. En 1579, fue nombrado superior
del colegio de Baeza y, en 1581, fue elegido superior de Los
Mártires, en las cercanías de Granada. Aunque era el fundador
y jefe espiritual de los carmelitas descalzos, en esa época
participó poco en las negociaciones y sucesos que culminaron
con el establecimiento de la provincia separada de Los Descalzos,
en 1580. En cambio, se consagró a escribir las obras que han
hecho de él un doctor de teología mística en la Iglesia.
La doctrina de San Juan es
plenamente fiel a la tradición antigua: el fin del hombre en
la tierra es alcanzar "Perfección de la caridad y elevarse
a la dignidad de hijo de Dios por el amor"; la contemplación
no es por sí misma un fin, sino que debe conducir al amor y
a la unión con Dios por el amor y, en último término, debe llevar
a la experiencia de esa unión a la que todo está ordenado. "No
hay trabajo mejor ni mas necesario que el amor", dice el
santo. "Hemos sido hechos para el amor." El único
instrumento del que Dios se sirve es el amor." "Así
como el Padre y e1 Hijo están unidos por el amor, así el amor
es el lazo de unión del alma con Dios".
El amor lleva a las alturas
de la contemplación, pero como que amor es producto de la fe,
que es el único puente que puede salvar el abismo separa a nuestra
inteligencia de la infinitud de Dios, la fe ardiente y vívida
el principio de la experiencia mística. San Juan no se cansó
nunca de inculcar esa doctrina tradicional con su estilo maravilloso
y sus ardientes palabras.
Dios no pide lo mismo a todos.
El sabe la capacidad y el corazón de cada uno. El amor expande
el corazón y las capacidades de entrega.
Solía pedir a Dios tres cosas:
"que no dejase pasar un solo día de su vida sin enviarle
sufrimientos, que no le dejase morir en el cargo de superior
y que le permitiese morir en la humillación y el desprecio".
Con su confianza en Dios (llamaba
a la Divina Providencia el patrimonio de los pobres), obtuvo
milagrosamente en algunos casos provisiones para sus monasterios.
Con frecuencia estaba tan absorto en Dios, que debía hacerse
violencia para atender los asuntos temporales.
Su amor de Dios hacía que su
rostro brillase en muchas ocasiones, sobre todo al volver de
celebrar la misa. Su corazón era como una ascua ardiente en
su pecho, hasta el punto de que llegaba a quemarle la piel.
Su experiencia en las cosas espirituales, a la que se añadía
la luz del Espíritu Santo, hacían de un consumado maestro en
materia de discreción de espíritus, de modo que no era fácil
engañarle diciéndole que algo procedía de Dios.
Juan dormía unas dos o tres
horas y pasaba el resto de la noche orando ante el Santísimo
Sacramento.
Pruebas
y más pruebas
Después de la muerte de Santa
Teresa, ocurrida en 1582, se hizo cada vez más pronunciada una
división entre los descalzos. San Juan apoyaba la política de
moderación del provincial, Jerónimo de Castro, en tanto que
el P. Nicolás Doria, que era muy extremoso, pretendía independizar
absolutamente a los descalzos de la otra rama de la orden.
El P. Nicolás fue elegido provincial
y el capítulo general nombró a Juan vicario de Andalucía. El
santo se consagró a corregir ciertos abusos, especialmente los
que procedían del hecho de que los frailes tuviesen que salir
del monasterio a predicar. El santo opinaba que la vocación
de los descalzos era esencialmente contemplativa. Ello provocó
oposición contra él.
San Juan fundó varios conventos
y, al expirar su período de vicario, fue nombrado superior de
Granada. Entre tanto, la idea del P. Nicolás había ganado mucho
terreno y el capítulo general que se reunió en Madrid en 1588,
obtuvo de la Santa Sede un breve que autorizaba una separación
aún más pronunciada entre los descalzos y los mitigados. A pesar
de las protestas de algunos, se privó al venerable P. Jerónimo
Gracián de toda autoridad y se nombró vicario general al P.
Doria. La provincia se dividió en seis regiones, cada una de
las cuales nombró a un consultor para ayudar al P. Gracián en
el gobierno de la congregación. San Juan fue uno de los consultores.
La innovación produjo grave
descontento, sobre todo entre las religiosas. La venerable Ana
de Jesús, que era entonces superiora del convento de Madrid,
obtuvo de la Santa Sede un breve de confirmación de las constituciones,
sin consultar el asunto con el vicario general. Finalmente,
se llegó a un compromiso en ese asunto. Sin embargo, en el capítulo
general de Pentecostés de 1591, San Juan habló en defensa del
P. Gracián y de las religiosas.
El P. Doria, que siempre había
creído que el santo estaba aliado con sus enemigos, aprovechó
la ocasión para privarle de todos sus cargos y le envió como
simple fraile al remoto convento de La Peñuela. Ahí pasó San
Juan algunos meses entregado a la meditación y la oración en
las montañas, "porque tengo menos materia de confesión
cuando estoy entre las peñas que cuando estoy entre los hombres."
Pero no todos estaban dispuestos
a dejar en paz al santo, ni siquiera en aquel rincón perdido.
Siendo vicario provincial, San Juan, durante la visita al convento
de Sevilla, había llamado al orden a dos frailes y había restringido
sus licencias de salir a predicar. Por entonces, los dos frailes
se sometieron pero un consultor de la congregación recorrió
toda la provincia tomando informes sobre la vida y conducta
de San Juan, lanzando acusaciones contra él, afirmando que tenía
pruebas suficientes para hacerle expulsar de la orden. Muchos
de los frailes prefirieron seguir la corriente adversa a Juan
que decir la verdad que hace justicia. Algunos llegaron hasta
quemar sus cartas para no caer en desgracia.
En medio de esa tempestad San
Juan cayó enfermo. El provincial le mandó salir del convento
de Peñuela y le dio a escoger entre el de Baeza y el de Ubeda.
El primero de esos conventos estaba mejor provisto y tenía por
superior a un amigo del santo. En el otro era superior el P.
Francisco, a quien San Juan había corregido junto con el P.
Diego. Ese fue el convento que escogió.
La fatiga del viaje empeoró
su estado y le hizo sufrir mucho. Con gran paciencia, se sometió
a varias operaciones. El indigno superior le trató inhumanamente,
prohibió a los frailes que le visitasen, cambió al enfermero
porque le atendía con cariño, sólo le permitía comer los alimentos
ordinarios y ni siquiera le daba los que le enviaban algunas
personas de fuera. Cuando el provincial fue a Ubeda y se enteró
de la situación, hizo cuanto pudo por San Juan y reprendió tan
severamente al P. Francisco, que éste abrió los ojos y se arrepintió.
Santo
y Doctor de la Iglesia
Después de tres meses de sufrimientos
muy agudos, el santo falleció el 14 de diciembre de 1591.
En su muerte no se había disipado
todavía la tempestad que la ambición del P. Nicolás y el espíritu
de venganza del P. Diego habían provocado contra él en la congregación
de la que había sido cofundador y cuya vida había sido el primero
en llevar.
La muerte del santo trajo consigo
la revalorización de su vida y tanto el clero como los fieles
acudieron en masa a sus funerales. Dios quiso que se despejaran
las tinieblas y se vieses su vida auténtica para edificación
de muchas almas. Sus restos fueron trasladados a Segovia, pues
en dicho convento había sido superior por última vez.
Canonizado en 1726
Santa Teresa había visto en
Juan un alma muy pura, a la que Dios había comunicado grandes
tesoros de luz y cuya inteligencia había sido enriquecida por
el cielo. Los escritos del santo justifican plenamente este
juicio de Santa Teresa, particularmente los poemas de la "Subida
al Monte Carmelo", la "Noche Oscura del Alma",
la "Llama Viva de Amor" y el "Cántico Espiritual",
con sus respectivos comentarios. Así lo reconoció la Iglesia
en 1926, al proclamar doctor a San Juan de la Cruz por sus obras
Místicas.
La doctrina de San Juan se
resume en el amor del sufrimiento y el completo abandono del
alma en Dios. Ello le hizo muy duro consigo mismo; en cambio,
con los otros era bueno, amable y condescendiente. Por otra
parte, el santo no ignoraba ni temía las cosas materiales, puesto
que dijo: "Las cosas naturales son siempre hermosas; son
como las migajas de la mesa del Señor."
San Juan de la Cruz vivió la
renuncia completa que predicó tan persuasivamente. Pero a diferencia
de otros menores que él, fue "libre, como libre es el espíritu
de Dios". Su objetivo no era la negación y el vacío, sino
la plenitud del amor divino y la unión sustancial del alma con
Dios. "Reunió en sí mismo la luz extática de la Sabiduría
Divina con la locura estremecida de Cristo despreciado".
Mística
y poesía de San Juan
Es la máxima representación
no sólo de la mística y de la poesía carmelitana, sino es la
cumbre de la mística experimental y la lírica amorosa, vertida
a lo divino.
Aunque su obra se lee poco,
los que se han adentrado a su lectura quedan llenos de la mística
sanjuanista , por lo contradictorias, intensas y abundantes:
visión marxista, freudiana, erótica y un largo etc. de dislates
pugnan por imponerse y descalificarse; con todo, San Juan de
la Cruz sigue ahí como faro luminoso para el ser humano sediento
de Dios y defraudado de tantos placeres que no sólo no satisfacen
la capacidad infinita de la voluntad, facultad de amor y del
entendimiento, facultad de entender, sino que la matan de sed,
porque ,como dicen el propio San Juan de la Cruz:"los apetitos
desordenados de la cosas materiales provocan en la persona ,que
los satisfacen, dos males gravísimos:"
Y para que más clara y abundantemente
se entienda lo dicho, será bueno poner aquí y decir, cómo estos
apetitos causan en el alma dos daños principales: "el uno
es, que le privan del espíritu de Dios, y el otro es, que al
alma donde viven la cansan, atormentan, oscurecen, ensucian
y enflaquecen(...) Estos dos males, conviene a saber: privación
y positivo, se causan por cualquier acto desordenado de apetito".
Se ha pretendido presentar
a San Juan de la Cruz como el místico de la noche y de la nada;
ambas serían los dos grandes símbolos que identificarían la
mística sanjuanista.
Tal opinión, sin embargo, es
unilateral y, claramente ,incompleta, pues la mística del Solitario
de la Peñuela está fundamentada en la Llama de amor viva y en
el Cántico Espiritual.
Su mística lo es de plenitud.
Noche y Nada no son el fin de la experiencia mística sanjuanista
,como claramente nos dice en la declaración de la primera canción
del poema Llama:
"Y como ve que aquella llama delicada que en ella arde,
cada vez que la está embistiendo, la está como glorificando
con suave y fuerte gloria, tanto que cada vez que la absorbe
y embiste, le parece que le va a dar la vida eterna, y que va
a romper la tela de la vida mortal y que falta muy poco para
glorificarla esencial, dice con gran deseo a la llama, que es
el Espíritu Santo, que rompa ya la vida mortal por aquel dulce
encuentro, en que de veras la acabe de comunicar lo que cada
vez parece que la va a dar cuando la encuentra, que es glorificarla
entera y perfectamente".
Este es el único y auténtico
sentido de la mística sanjuanista, mística vitalista, triunfal,
plena y liberadora: Sólo desde aquí se pueden comprender la
Noche y la Nada, simples medios para llegar a la Luz y al todo:
Unión con DIos Trinidad Santísima,, simbolizada en esta estrofa
única:
¡Oh cauterio suave! /
¡Oh regalada llaga/
¡Oh mano blanda!
¡Oh toque delicado que a vida eterna sabe/
y toda deuda paga!.
Matando, muerte en vida las has trocado/
San Juan de la Cruz no es,
ningún asceta nihilista-nocturno y penumbroso, sino el cantor
de la Hermosura, belleza y verdad supremas, el cantar del Dios
Trino y Uno que desciende en su Infinito Amor para establecer
su Alianza con el hombre, mediante la Palabra esencial, con
substancial que es Jesucristo.
Porque para San Juan el alma
ya no tiene otro oficio, pues sólo el amar es su ejercicio:
Quedéme y olvidéme/
el rostro recline sobre el amado/
cesó todo y dejéme/
dejando mi cuidado/
entre las azucenas olvidado
El estilo de San Juan de la
Cruz y la inspiración poética en armonía con el esfuerzo formal
se unifican en unos poemas únicos. La primera inspiración, aliento
celestial y divino, sufre un largo proceso de pulimento formal,
a través de diferentes redacciones de los textos en verso. Toda
la poesía mística sanjuanista tiene como objetivo último comunicar
una experiencia mística imposible de codificar en el lenguaje
denotativo, referencial y objetivista, de ahí que los dichos
de luz y de amor, como nos dice el propio San Juan, son para
el hombre materialista, hedonista, positivista y racionalista
puros dislates.
En todos sus poemas es el símbolo
su elemento nuclear, estructural, formal y semántico. Sólo por
el símbolo puede la poesía mística distanciarse de la interpretación
del erotismo, que algunos críticos, lectores han querido antoar
en sus escritos. El amor tiene muchos caminos y no necesariamente
la intensidad debió ser hacia una "persona" física;
el amor universal, el sentido de amor de Dios sólo unos cuantos
pueden recogerlo y plasmarlo; la interpretación de la obra sanjuanista
depende de los "ojos del que mira".
Mi Amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las insulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos,
la noche sosegada
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.
Obras:
Poemas
NOCHE OSCURA ,canto liberador de las terribles purgaciones que
ha superado el alma para llegar a la unión con Dio. El símbolo
NOCHE adquiere una importancia capital: NOCHE DEL SENTIDO=PURGACIÓN
SENSIBLE: NOCHE DEL ESPÍRITU PURGACIÓN INTELECTUAL. Sólo desde
la superación positiva de estas terribles purgaciones-noches
puede cantar el alma la felicidad total de la unión con el AMADO.
CÁNTICO ESPIRITUAL único, que
inspirándose en Cantar de los Cantares BÍBLICO nos describe
todo el proceso místico y el venturoso encuentro hecho unión
mística.
LLAMA DE AMOR VIVA.- Poema
síntesis de todo el sistema místico sanjuanista. En él todo
es fervor pleno, plenitud vital y existencial, luz gozosa hecho
volcán que consume y no da pena. El alma se encuentra en sus
más profundo centro llena de libertad, gracia y hermosura divinas,
sólo un tela tenue, la vida mortal le impide gozar de esa unión
con el AMADO de forma plena y absoluta.
Poemas menores. No menos importantes
son los llamados poemas menores, entre los que cabe destacar
los estupendos, profundos y maravillosos romances Trinitarios
y Cristológicos. Una mención especial hay que hacer del poema
del PASTORCICO, alegoría de la Redención en la que se transforman
a lo divino, los motivos pastoriles de la lírico profana culta
y popular.
La Prosa de San Juan:
La crítica literaria sanjuanista
ha infravalorado siempre la prosa sanjuanista. No faltan autores
que han visto en ella una especie de mal menor, necesario y
tolerable.
"Oh, Señor Dios mío!
¿quién te buscará con amor puro y sencillo
que te deje de hallar muy a su gusto y voluntad,
pues que Tú te muestras primero y sales al encuentro de los
que te desean".
"Mira que, pues Dios es
inaccesible, no repares en cuanto tus potencias pueden comprender
y tu sentido sentir, porque no te satisfagas con menos y pierda
tu alma la ligereza conveniente para ir a Él"
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