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La
persona que tenga la osadía de salir bajo la noche el último
día del año, antes de la cena familiar y camine al menos siete
metros, siete pasos de su pórtico y deje lo siguiente:
Un plato con comida para un perro o gato perdido, una cobija
para un viajero desamparado, un ramo de flores silvestres
dejadas en cualquier sitio para liberar a quién las encuentre
de sus miedos; un plato de migajas para que los pájaros sigan
regalando su canto a la mañana siguiente; dulces y un juguete
para algún niño que mira en alguna ventana solitaria, una
nota de perdón sin destinatario, la cuál dejará caer en cualquier
puerta; un libro con una dedicatoria en el dintel de cualquier
ventana para que sea leído por algún viandante y puede recobrar
la esperanza de que "en el mundo hay seres vivos ocupados
de dar sin esperar recibir", una sonrisa a quién cruce
en su camino, una canción que deberá ser entonada todo el
tiempo; una oración en cualquier parroquia o iglesia y un
aullido a la luna.
Para
finalizar el rito, al regresar a casa encienderá una vela
que dejará cerca de la ventana para que se vea desde fuera
la luz, para que las estrellas sepan que hay un corazón que
late al ritmo de ellas y alumbre el camino de quién esta perdido
y pueda regresar al hogar.
Dice
la leyenda que quién prepare este rito de estrellas con sencillez
y abundancia de corazón "recibirá regalos asombrosos
que serán tan luminosos como los colores del arcoiris y tendrá
en su hogar la armonía del cielo y en su corazón el amor eterno.
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