Samaniego
La
cigarra y la hormiga
Cantando la Cigarra
pasó el verano entero,
sin hacer provisiones
allá para el invierno;
los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.
Viose desproveída
del preciso sustento:
sin mosca, sin gusano,
sin trigo y sin centeno.
Habitaba la Hormiga
allí tabique en medio,
y con mil expresiones
de atención y respeto
le dijo: "Doña Hormiga,
pues que en vuestro granero
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
prestad alguna cosa
con que viva este invierno
esta triste Cigarra,
que, alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme,
que fielmente prometo
pagaros con ganancias,
por el nombre que tengo"
La codiciosa Hormiga
respondió con denuedo,
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
"¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana,
¿qué has hecho en el buen tiempo?"
"Yo, dijo la Cigarra,
a todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar ni un momento"
"¡Hola! ¿con que cantabas
cuando yo andaba al remo?
Pues ahora, que yo como,
baila, pese a tu cuerpo"
Tomás
de Iriarte
El
médico, el enfermo y la enfermedad
Lo que en medicina parece ciencia y acierto, suele
ser efecto de la pura casualidad
Batalla el enfermo
con la enfermedad,
él por no morirse,
y ella por matar.
Su vigor apuran
a cual puede más,
sin haber certeza
de quien vencerá.
Un corto de vista,
en extremo tal
que apenas los bultos
puede divisar,
con un palo quiere
ponerlos en paz.
garrotazo viene,
garrotazo va;
si tal vez sacude
a la enfermedad,
se acredita el ciego
de lince sagaz;
más si, por desgracia,
al enfermo da,
el ciego no es menos
que un topo brutal.
¿Quién sabe cuál fuera
más temeridad,
dejarlos matarse
o ir a meter paz?
Antes que te dejees
sangrar o purgar,
ésta es fabulilla
muy medicinal.
El Burro Flautista
Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.
Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
«iOh!», dijo el borrico,
«¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!»
Sin regla del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.
Godofredo Daireaux
Las
dos plantas
Dos plantas nacieron de dos semillas iguales, a pocos
metros de distancia una de la otra.
Una brotó a la orilla del camino.
A veces estaba llena de polvo; otras veces estaba
cubierta de barro. En verano la quemaba el sol. En
las noches de invierno estaba helada de frío, azotada
por la lluvia, batida por el viento.
Sin embargo, creció verde vivaz y lozana.
La otra planta creció al amparo de un techito que
allí estaba, al pie de una pared. Así que no tuvo
que luchar contra el viento. La lluvia no la mojaba
ni la quemaba el sol. Apenas sentía un poco de frío
en las largas noches de agosto.
Esta planta creció delgada, endeble y descolorida.
Luchar y sufrir ayudan a conservar
la vida
D. Coelho Netto
Las
tres gotas de agua
El Alba pasó una mañana cerca de una camelia y oyó
pronunciar su nombre por tres gotas cristalinas.
Se aproximo; luego posándose en el corazón de la flor,
preguntó cariñosa:
-¿Qué desean de mí, gotas brillantes?
-¿Que vengas a decidir una cuestión- dijo la primera-.Somos
tres gotas diferentes reunidas en diversos puntos.
Queremos que digas cuál de nosotras vale más y cual
es la más pura.
-Acepto; habla tú, gota brillante. Y la primera gota
trémula habló así:
-Yo vengo de las altas nubes; soy hija de los grandes
mares; nací en el ancho océano. Después de andar por
mil borrascas, una nube me absorbió. Fui a las alturas,
donde brillan las estrellas, y de allá, rodando entre
rayos, caí en la flor en la que descanso ahora. Yo
represento al océano.
-Habla tú, gota brillante-dijo el Alba a la segunda.
-Yo soy el rocío que tiembla sobre los lirios; soy
hermana de la Luna; soy hermana de las tinieblas que
se forman en cuanto llega la noche. Yo represento
al amanecer del día.
-¿Y tú? Preguntó el Alba a la más pequeña.
-Yo nada valgo.
-Habla: ¿de donde vienes?
-De los ojos de una madre. Soy una lágrima.
-Esta es la de más valor, es la más pura.
-Pero yo fui océano...
-¡Yo atmósfera!...
-Sí, trémulas gotas; mas esta fue corazón...
Y el Alba desapareció por la región azul, llevando
a la gota humilde
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