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El
Águila, el León y el Murciélago
Cuentan los muy ancianos que
en tiempos remotos el águila y el león se repartían
el gobierno de los animales. Reinaba el león sobre
osos, lobos y demás cuadrúpedos que poblaban el planeta.
El águila, por su
parte, dictaba prudentes reglamentos que regían la
vida y costumbres de las aves. Un día se reunieron
ambos soberanos.
-
¡ Has de saber que el murciélago me ocasiona problemas
! - dijo el águila -. ¡Cuando le beneficia dice que
es un pájaro y se mezcla con ellos, alegando que como
ellos, vuela ! ¡ Pero cuando su interés reside en
librarse de mis leyes, dice que es un mamífero y,
por lo tanto, una bestía de tu juridicción y vasallo
de tu imperio !.
- ¡ Vaya con el
avechucho ! - respondió el león enfadado -. ¡ Cuando
intento someterle a las reglas con que gobierno a
los cuadrúpedos, se niega a obedecerlas, alegando
que, como vuela es un ave de las tuyas !
-¡ Pues yo no le
quiero en mi reino ! - exclamó el águila.
- ¡ Ni yo en el mío
decidió el león ! , convencidos ambos de que el murciélago
era un pícaro, sólo dispuesto a desobedecer.
Quien tome dos partidos saldrá perjudicado: será,
con desconfianza, por ambos despreciado.
El Asno y el perrito
Un
homre poseía un perrito y un asno. El perrito era
muy inteligente y juguetón; el asno, muy trabajador,
aunque un tanto torpe. El perrito era, en verdad,
sumamente gracioso y gran compañero de su amo, que
le adoraba. Cuando el hombre salía de la casa, siempre,
al regresar, le traía alguna golosina, pues le alegraba
ver cómo el animalito daba grandes saltos para sacárle
de las manos.
Celoso de tal predilección,
el simple del burro dijose un día, sin disimular su
envidia.
- ¡ Le premia por
verle mover la cola, y por unos cuantos saltos le
colma de caricias ! ¡ Pues yo haré lo mismo !
Se acercó saltando
y, sin querer, le dio una tremenda coz a su dueño,
quien, furioso, le condujo para atarle al pesebre.
Asume tu papel con optimismo: No todos sirven para
hacer lo mismo.
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