Alegría
del Cronopio
Encuentro de un Cronopio
y un Fama en la liquidación de la tienda La Mondiale.
Buenas tardes, Fama. Tregua catala espera.
¿Cronopio Cronopio?
Cronopio Cronopio.
¿Hilo?
Dos, pero uno azul.
El Fama considera al Cronopio. Nunca hablará hasta
no saber que sus palabras son las que convienen, temeroso
de que las Esperanzas siempre alertas no se deslicen
en el aire, esos microbios relucientes, y por una
palabra equivocada invadan el corazón bondadoso del
Cronopio.
Afuera llueve dice el Cronopio. Todo el cielo.
No te preocupes dice Fama. Iremos en mi automóvil.
Para proteger los hilos.
Y mira el aire, pero no ve ninguna Esperanza, y suspira
satisfecho. Además, le gusta observar la conmovedora
alegría del Cronopio, que sostiene contra su pecho
los dos hilos uno azul y espera ansioso que el Fama
lo invite a subir a su automóvil.
Tristeza del Cronopio
A
la salida del Luna Park un Cronopio advierte que su
reloj atrasa, que su reloj atrasa, que su reloj.
Tristeza del Cronopio
frente a la multitud de Famas que remonta Corrientes
a las once y veinte y él, objeto verde y húmedo, marcha
a las once y cuarto.Meditación del Cronopio: "Es
tarde, pero menos tarde para mí que para los Famas
para los Famas es cinco minutos más tarde, llegarán
a sus casas más tarde, se acostarán más tarde".
Yo tengo un reloj
con menos vida, con menos casa y menos acostarme,
yo soy un Cronopio desdichado y húmedo.
Mientras toma café
en el Richmond de Florida, moja el Cronopio una tostada
con sus lágrimas naturales.
El
canto de los Cronopios
Cuando los Cronopios
cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de
tal manera que con frecuencia se dejan atropellar
por camiones y ciclistas, se caen por la ventana,
y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta
la cuenta de los días.
Cuando un Cronopio canta, las Esperanzas y los Famas
acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su
arrebato y en general se muestran algo escandalizados.
En medio del corro el Cronopio levanta sus bracitos
como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera
una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo
que la canción del Cronopio es Salomé desnuda danzando
para los Famas y las Esperanzas que están ahí boquiabiertos
y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias.
Pero como en el fondo
son buenos (los Famas son buenos y las Esperanzas
bobas), acaban aplaudiendo al Cronopio, que se recobra
sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir,
pobrecito.
Viajes
Cuando
los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar
en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel
y averigua cautelosamente los precios, la calidad
de las sábanas y el color de las alfombras.
El segundo se traslada a la comisaría y labra
un acta declarando los muebles e inmuebles de los
tres, así como el inventario del contenido
de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia
las listas de los médicos de guardia y sus
especialidades.
Terminadas estas diligencias, los
viajeros se reunen en la plaza mayor de la ciudad,
se comunican sus observaciones, y entran en el café
a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos
y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de
"Alegría de los famas".
Cuando los cronopios van de viaje,
encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han
marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren
llevarlos o les cobran precios altísimos. Los
cronopios no se desaniman porque creen firmemente
que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de
dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad,
la hermosísima ciudad". Y sueñan
toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas
y que ellos están invitados. Al otro día
se levantan contentísimos, y así es
como viajan los cronopios.
Las esperanzas, sedentarias,
se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son
como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas
ni se molestan.
|