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Los pensamientos se
van deshabitando, tus huellas son el pueblo en la media luna
de este espacio.
La desnuda promesa
se tiende altiva
y la voz en medios tonos
sonríe triste
tras la argolla
de lo que no fuimos.
La palabras enclaustradas
no dejaron ver
lo que era
cara
o cruz;
el
eterno enigma
¿ me
quiere ?
¿ no
me quiere ?
la
dimensión de flor
confundida
en las mentiras.
Hubo otro tiempo apenas pronunciado,
un tiempo que se inventó a sí mismo; los días que compartimos
el café de la mañana, la risa por los juegos de palabras;
parecía que no pasaba pero algo sucedía.
Me sorprendió la notificación que llego a mis manos, sí apenas
ayer firmabas tuyo y acurrucabas tu sueño a mi latido, y el
mensaje frío, escueto, como si nunca nos hubiéramos conocido:
¡ desaloje el corazón, el contrato ha vencido !.
Tocaron a la puerta y unos hombres vestidos de nostalgia sacaron
los sueños, los dibujos que coloreamos juntos y la esperanza
la atravesaron con dardos de ignorancia.
No supe
por tres días
ni de la voluntad
ni cómo
sobreviví a tal calumnia.
Me desperté un lunes
cansada, intempestivamente
miserable.
Me senté en la puerta
a esperar
por las sombras sin sustancia.
¿Cómo se explica el silencio?.
Apenas el jueves estabas junto a mi
jugando inocente a los
te quiero;
y el viernes un ataúd
dibujado
- ocupaba el lugar -
donde tus manos acariciaban
la sonrisa de la mañana.
Apenas el miércoles
tu cuerpo era el murmullo
y atrapábamos juntos nubes.
Apenas el martes
parecías verdadero
abolías de distintas maneras
a los fantasmas
y de golpe,
eras la fuerza que descubría
el paisaje
a los espectros que me
atraparon.
Lloré durante días por la muerte de tu amor en el salón de
las tinieblas, el límite es aprender que los renglones nos
respiran, no importa sí una quiere o no estar viva, la vida
ataca.
Después
penetré en el infierno, el subjetivo espacio que muchos temen.
El infierno no es un camino, es una creatura que ocupa la
memoria de los tratos a ciegas; es el infierno un nombre,
con tu nombre; y es en la tierra la confirmación de que la
tumba es la visión de los insomnios.
Toque las murallas hechas de aire, mi claustro era el diálogo
interrumpido. No hay dolor más grande que el silencio que
viste de oscuridad el mundo; insurrecciones que tragan el
corazón por falta de un sepulcro.
Nuestra historia, sí a algo puede llamarse nuestro, no se
donde comienza y donde acaba. Es que tal vez nunca empezó
y aunque creía que teníamos un largo tiempo compartiendo la
vida y sus cosas diarias, no lo sé de cierto; de un momento
a otro, sin explicaciones, cerraste nuestro piso, apagaste
el corazón y olvidaste lo que éramos juntos.
El amor no acaba en un suspiro, o ¿ es que de amor llevabas
los bolsillos vacíos ?. Sí representabas algún papel, habrá
que darte un gran aplauso, sabes fingir correctamente, te
quitaste el disfraz de ángel y el ente del averno salió a
golpearme con todos mis secretos.
Lo que sabías de mi lo usaste como arma; sí alguna vez dude
que recordabas, me hiciste dar cuenta que todo llevabas anotado.
Cada detalle, cada talón de Aquiles. Golpeaste con tu peso
medido en palabras todas mis fragilidades.
El amor se fue
como un viajero
que corrompe
los
barcos piratas.
Cerré los ojos
pensativa
bebiendo cada bala
que
disparabas.
Perfil de acero
en un segundo del paraíso
fuiste un desierto.
Mi corazón no pudo agonizar
sólo un estallido
y la locura
apenas comenzaba.
Todas las palabras vertidas fueron mentiras, detrás de ellas
había la nada; el silencio. Ha pasado el tiempo y es ahora
que puedo escribir sobre ésto. La lluvia fue el llanto durante
largos meses. Guardé el verso y la palabra. Los renglones
fueron pasos discutiendo con los días. No me he dejado ver
en esta agonía, he estado ocupada. Pintando los arco iris
de color de duelo; pero al siguiente día encima de eso, estaba
tu nombre dibujado y lo borraba de nuevo con el agua que rozaba
todas las tragedias del oficio de ser sólo mujer con un silencio
lapidario cada madrugada.
No hay luz
¿ quiero que la haya
?
¿ o quiero?
¿ me quiso ?
¿ no me quiso ?
lo quiero?
¡ no lo quiero !.
Disfrazo la soledad
como tú me enseñaste.
El dolor necesita
explicación para que
se vaya;
y al no haberla
el tiempo parece un faro
que no guía.
Aquel día que vi tu corazón exactamente como era, fue un rompimiento
con el mundo, estaba en la tierra de nadie. Mientras llorabas
conmigo o por mí, - no recuerdo las palabras -; en otro lado,
otra mujer -que era igual a mi, pero sin alma- te esperaba.
No
te diste cuenta que era yo emergiendo en todas las mujeres,
que la religión de tu venganza se estrellaba con la bandera
de la indulgencia y en cinco instantes mi tristeza quedo helada.
No supiste medir la fragilidad de la vida, mientras derramabas
lágrimas cambiaste mi cuerpo por la muerte; era ella, ¡ ella
la que te esperaba !.
Tomé mis cosas, las pocas que quedaban; y la ternura inocente
de los pañuelos se pinto de sangre; la misma que se me escapaba.
Me quede clavada a la puerta consumiendo los días que fingías
amarme y me abrazabas.
Me ofendían entonces tus labios, quería borrarlos, aniquilar
lo tuyo pero mientras más luchaba, los distintos matices de
tu presencia llenaban todo.
Así, entré al ataúd para tenderme al lado de tu silencio,
supé que si mataba todo lo tuyo, debía firmar la carta
de suicidio y preferí abrir los ojos y apretarme a tu fantasma.
La vigilia ha sido ardua, he pasado por todas las conquistas
y las heridas, reuniendo así los inventarios de las pérdidas.
He pasado por todas las ideas de suicidio. Cada día sin ti
ha sido de agua; ¿ cómo borrar los silencios con palabras
?, ¿ sabes ? es terrible saber que el silencio es la única
morada. La sensatez ha sido un paisaje opaco que se ha escudado
tras la silueta de tus retratos.
He parido mil distancias; la terquedad ha sido el saludo de
la mañana. No entiendo al mundo tan desnudo, y él en represalia,
abre mi pecho cada alborada.
Tus calcetines forman parte de mis pies, enlodados parpadean
en los zapatos. El quebranto ha sido el parte aguas. Con él
como base he hecho un territorio de guerra, y esta ciudad
fantasmal es mi morada.
Inocente hombre
crees amanecer con otro
corazón
porque reuniendo indignidades
atravesabas mi luz
para robarlo.
No lo has logrado
el corazón estalló
no me pertenece más.
Lo que te has llevado
ha sido el tuyo
cruel, silente, triste.
Un corazón que te reclama
arrastrando recuerdos
de lo que proclamas;
palabras sin verdad
mentiras agazapadas.
Peregrino prolongado en todas
las convocatorias de la muerte
ajeno al respiro del esfuerzo;
déjame decirte
que el amor se ha suicidado
es una palabra borrada.

He salido del coito de la tumba, he llamado a todos los oráculos;
me habito en otros horas como bruja y duermo en el país de
los espejos.
Pero sé que saldré de esta
postura, Cumplí hasta el último rito prometido; dormí la muerte
del amor, cobijándolo en mi pecho.
Por eso, sé que la sangre
volverá a maquillar mis manos, mi cara. Lo sé, porque la luz
no es convocada a ser comida por la negrura. Lo sé porque
te di verdad en la palabra. Lo sé porque aún recuerdo, pero
un día no habitarás más en mis pensamientos.
Y cuando eso sea
el acertijo estará resuelto.
Tu noche, será una oscuridad... larga.
Mientras, las tinieblas de mi noche serán iluminadas
por la vida. Abriré los ojos, despertaré de la pesadilla y
volveré a pegar el corazón en orden de abecedario. Pero esta
vez, haré un corazón guerrero, lo vestiré de lilas, violetas,
magnolias y acacias; será tan fuerte su latido que alejará
a los cobardes y sus patrañas.
Caminaré
a enfrentarme con la vida; y donde este esa tumba no sabrá
de flores u oraciones. El polvo y la soledad incivilizadas
serán lo que cubra con sus alas tu enfermedad, crueldad, tus
motivos y la sinrazón de tu ausencia. Al condenarme,
te has condenado.
Tus pecados azotarán
tus noches
cada mañana volverás a caminar
por este mundo
para morir de nuevo
entre
la cama.
Te será cobrado
por tiempo inacabado
corazón por corazón
muerte
por muerte.
Al fin seremos una mujer y un hombre que cruzaron sus caminos
viviendo en el infierno o paraíso que nos hemos construido.
Al menos tendré la frente alta, tú la desconfianza. Quisiste
ver en mí tus pecados; pero me dí entera en un acto honesto
de ser, tal como era.
Y esta no sé si es una carta o sólo una desviación en el camino.
Por eso va sin remitente y dirigida a ti en la hora del ocaso.
He
retirado todas las promesas; sí un día te ofrecí mi luz, he
quitado el origen, porque ¡no mereces nada!. La derrota
o el triunfo ya se verá, pero de seguro tú y yo hemos perdido.
Yo por amarte con inocencia absurda, tú, por usar todas las
armas contra un cuerpo desvalido y por matar en sólo dos minutos
un corazón, que era sincero, pero más que nada, era un corazón
que codiciabas. No te queda nada de mi, estás ahora por tu
cuenta.
Y no es que presuma de alumbrar
la noche. Es que era un amor sincero, un corazón que daba
fuego a las llamas y no quedará nada de lumbre; ni amor...
ni lágrimas, ni rencor, ni dolor; sí este escrito se ve oscuro
es que es la oscuridad de tu presencia lo que le da ese tono
de luto; la verdad lo es, ¡ como que tengo palabra !. Ya te
digo, te vas quedando sin nada. Ni el trofeo, ni la caza,
ni el reconocimiento... de mi, tendrás la nada.
Y añorarás mi despertar sonriendo, las noches donde dormías
sin miedos; echaras de menos el amor que te daba. Un día te
darás cuenta de que era tu mejor amiga, la cómplice de todas
los delirios, la única mujer que no juzgaba, la compañera
de vida y no habrá retorno; lo hecho, esta así tal cual lo
provocaste.
Que Dios te perdone por todo el mal que has hecho; mi parte,
la he perdonado de manera involuntaria; pero he limpiado todos
los armarios, de corazón ahora -sin tú pedirlo- te perdono.
Al llorar como si fuera el
mar que no se acaba y al dormir junto a ti mientras el amor
se agusanaba, he pagado por el pecado de haber amado hasta
decir, ¡ ya basta !.
Ylia Mujer Guerrera
Cartas de Amor y DesAmor©
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