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--Entonces dame tu opinión.
Primero quiero que me digas si has notado algún cambio en
mi comportamiento.
--Raúl, para ser sincero me alegra. Esto lo ha notado todo
el mundo. Has dejado de ser el mustio, llorón y típico suicida.
Sí, es obvio tu cambio, tan obvio que estamos juntos aquí
en tu recámara como cuando éramos estudiantes de colegio.
--Pues, bien Alejo, a eso quería llegar. Acomódate bien, si
deseas saca una chela del frigider para que te dé valor.
--Raúl, espero que tu cambio no tenga que ver con que te has
vuelto un maníaco y aquí yo he caído con la inocencia de un
nené en tus redes.
--No, Alejo, nada de eso. Pero primero quiero hacerte un reencuentro
breve antes de llegar a lo que me interesa compartir contigo.
Yo estaba cansado de sufrir, de luchar contra imposibles.
Mi vida se había vuelto una calamidad completa. Todo absolutamente
todo lo que yo tocaba en vez de convertirse en oro, se convertía
en desgracia, separación, humillación. Siempre di lo mejor
de mí y ¿qué recibía a cambio?.
Patadas en el trasero, pero bueno fuera en el trasero de carne
y hueso, era en el trasero del alma. Así que despechado, sin
alicientes para continuar un día más de mi vida decidí quitarme
mi paupérrima existencia.
--¿Fuíste capaz de concenbirlo Raúl?
--No... no tuve tiempo de llevarlo a cabo. Recuerdo perfectamente
aquel día: Era una mañana nublada de agosto, un 15 para ser
más exacto. Aquel día Angela me cortó con una desfachatez
que no puedes imaginarte.
--Raúl, por amor nadie muere y menos porque te cortan... a
menos que.
--A menos que nada Alejo. Cuando uno da amor sincero, cuando
uno sacrifica hasta los sueños propios, cuando tú crees en
la persona que se ha unido a tí para toda la vida y esa misma
persona te... no encuentro las palabras y la verdad no vale
la pena, lo que quiero que comprendas es que yo no era yo,
sino un hombre sin el menor aliciente para sobrevivir en este
valle de lágrimas. Esa noche me eché como un costal de papas
en mi cama, cerré los ojos con la siguiente convicción: "mañana
compraré barbitúricos, los ingeriré y adiós mundo equivocado".
--Raúl, eso no me lo habías platicado.
--Por favor Alejo, no me interrumpas. Esa noche tuve un sueño
de esos que sólo caben en la imaginación. Entre brumas, como
medio despierto y dormido vi a dos aludos.
--¿Aludos, has dicho Raúl? Compadre a lo mejor ya estabas
alucinando antes de tomarte las pastillas.
--Déjate de payasadas Alejo, déjame terminar o simplemente
aquí quedó la historia.
--No cuñado, sigue... pero antes permíteme otra chelita.
--Los aludos, Alejo, eran ángeles. Eran dos, estaban juntos.
Uno de ellos el que estaba más cerca de mí le dijo al otro:
"A pesar de que es la séptima vez que reencarna no ha aprendido
a conducir sus sentimientos. Es preciso que le hagamos un
transplante de corazón". El otro le replicó: "¿Estás loco?,
esto no es de nuestra incumbencia." El ángel que estaba a
mi lado, quien parecía ser mi ángel guardián (esto lo creo
por la vehemencia que ponía en sus palabras) le respondió:
"si no lo hago lo perderé". Traté de escuchar más, pero era
casi imperceptible sus palabras. Tan sólo logre captar las
últimas de mi supuesto ángel guardián que le decía a su compañero:
"Sacaré tu corazón y se lo colocaremos a Raúl. El ya no tendrá
otra oportunidad y la verdad me daría pena no reencontrarme
con él en los cielos por los siglos de los siglos. En el estado
en que se encuentra, donde la pasión, la desilución domina
al ser, hará que inevitablemente pierda los estribos. Mañana
sería un suicida, por lo tanto se quemará eternamente".
--Yo, estaba totalmente aturdido oyendo a los dos ángeles
y sobre todo porque me harían un transplante de corazón. Ni
modo, total si me quiero morir no importa el medio.
--¡Qué equivocado estaba!. Sentí la mano de mi ángel guardián
(es lo que supongo que era él) entrar en mi pecho. Estaba
metiendo algo y sacando al mismo tiempo mi corazón. Lo sé
porque conforme mi corazón salía sentía una tranquilidad primaveral.
Finalmente cuando ya no percibía su mano, sentí correr dentro
de mí una fuerza indestructible. Mis ángeles terminaron su
coloquio con estas palabras: "Bueno, ahora esperemos que no
arruine este corazón".
--¡Anda Raúl, tú si que te loqueas en forma!
¡No!, déjame mostrarte algo... ¡Ven no tengas miedo!
Raúl sacó dos tablas del piso y sacó un cofre. En el había
un corazón lleno de cicatrices.
PS: Chela = cerveza
Amparo Tello Lubbock, Febrero 11 de 1997
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