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La
vida nos llevo por diferentes derroteros
y hace poco volvimos a toparnos al
dar la vuelta a una esquina cualquiera.
La
sorpresa fue mutua, conocía
tus ojos, la forma de las manos, pero
verte así, tan de repente,
rompió cualquier recuerdo y
me convertí en nueva; te miré
con nuevos ojos y vi destellos en
los tuyos que me hicieron comprender
muchas cosas.
Un
abrazo tan intenso, tan de nosotros,
con nosotros fundidos fue todo para
que sudaran las manos y la boca se
quedara seca.
Caminamos
contándonos mil cosas. La verdad,
es que tenías razón,
estaba nerviosa pero no era sólo
eso, fue darme cuenta de golpe que
durante todos estos años el
único habitante de todos mis
sueños habías sido tú.
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Escucho
tu voz de nueva cuenta preguntando
la hora.
Tú, siempre
tú como y desde entonces tú,
el dueño de besos, amor y sueños.
Tus
pasos convergentes, tu revelación
borraron el pasado porque en realidad
los años anteriores sólo
fueron una emboscada ensangrentada.
Pensé
cuando dijiste adiós en aquel
año fatal, hace más
de 6 años, que la eternidad
se había volcado en engaños.
Peleé, nunca te lo dije, con
Dios por vez primera.
Aprendí
a preguntarle por qué a cada
paso y alterné mis fugaces
alegrías con meses solitarios.
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Escribí
durante ese tiempo cartas que jamás te envíe,
aunque tenía dirección adonde hacerlas
llegar; pero por otro lado te sabía feliz y
eso ayudaba a no pensar demasiado en los corredizos
fuselajes del destino. Me dolía el reino de
la memoria, cada persona que conocí: algunos
hombres con los que salí siempre tenían
algo que no iba conmigo; ¡no eran ellos!...
¡ahora lo sé!. Era yo, que negando pensarte,
pensaba en ti todo el tiempo. Era claro, jamás
podía haber tenido algo que valiera la pena
con nadie, porque eras tú siempre el que estaba
presente y contra eso, no tuve nada que hacer.
Pretendí
enamorarme de nuevo, hasta llegué a creerlo.
Pero fue verte y arrancar todos los años para
armar el crucigrama de mi vida. No sembré dolor,
eso te lo aseguro, pero de todos lados me fui como
en una procesión buscando lo que no tenía
respuesta, porque la respuesta eras tú a todos
mis anhelos. Avancé por el mundo tocando con
los nudillos puertas que nunca quise se abrieran,
en realidad, temía estrenar con otro, lo que
era tuyo desde que el mundo te trajo a mis ojos. Me
mentí durante años creyendo hasta haberme
enamorado y lloré por largo tiempo engañándome
pensando que lloraba por esos silencios o ausencias.
Lloraba, ahora
lo sé porque me mentía a mi misma, porque
iba en contra mía todo eso que quería
llamar vida sólo por no querer asumir que tu
ausencia me pesaba como una lápida y porque
al mismo tiempo sentía que tu pensabas en mí
de tiempo en tiempo. Lloraba por no haber enfrentado
lo que fue cierto, lo que sentí o viví
en una soledad que me abrumó y dejo herida
el alma; sólo porque jamás te dije nada
y guardé todo en una cajita para que nadie
la viera... ni yo misma. No hay pesadilla más
enorme que engañarse uno mismo o ... tratar
de hacerlo porque el pasado entonces, siempre sale
al paso y nos pone en la situación que deberíamos
haber enfrentar en su momento.
Cuando
me fundí en tus brazos se me cayo el alambre
de hielo; mi océano se sumo a la vasija que,
según yo, iba tan vacía de deseos enamorados.
No sabía sí agradecerle a la vida por
el encuentro, me emborraché en un segundo con
tu olor, con la hora infinita que siempre me preguntaste
desde el inicio. Olvidé todo, y me dí
cuenta de algo tan cierto, no era un hombre por el
que espere este tiempo, no era un hombre con el que
me equivoqué, no era que durante años
el amor no tocara a mi vera, supe con certeza que
eras Tú el Hombre, que sin ti, todo estaba
desierto. Que por más que intenté ocuparme
de otro cuerpo, no había forma de amar, porque
el amor, sólo contigo lo conocí y jamás
se había ido de mi alma, de mi cuerpo.
Todo lo que
escribí, cartas y poemas eran un luto enorme
por años al haber intentando enterrar la cabeza
cuando confusa no supe más de ti, sólo
que te habías embarcado a otro puerto. Me alejé
de Dios porque indiferente a mis rezos, paso de largo,
dándole a otras lo que soñé.
Me enseño la vida a vestirme con sudarios,
con despidos, con cristales, a llorar todos los días
como los pájaros afirman que en el jardín
de la vida, el canto florece aunque una no sepa o
no quiera siquiera saberlo.
Eras tú,
en cada pregunta, eras tú en cada gesto, eras
tú en cada camino y yo presumiendo todo este
tiempo que había superado ese episodio que
pensé haber sido para ti. Pero al mirarme en
tus ojos encontré todo lo que siempre pregunté,
encontré que siempre es "siempre",
que las invocaciones son testigos de cada entierro.
En cada mal camino no era otro presentimiento, no
era otra lágrima, no era otro echar de menos,
era la certeza de amarte como sólo una vez
en la vida nos es dado el Don de hacerlo.
Nací
de nuevo en tus brazos, cuando tomaste mi mano sonreír
por vez primera desde hace años con el fundamento
que tiene el mar, por ser la cortina húmeda
del universo. Me vi por vez primera mujer -imagina
a mis años sentirme por primera vez totalmente
mujer, sin cuestionamientos-, me vi tomando tu mano
y pensando que era la medida de la tierra y el cielo.
Claro, los años solitarios también me
dieron otro entendimiento, otra seguridad vital que
no era por ti, era y es desde mi al haberme enfrentado
con mis dudas o miedos.
Quise pedirte
perdón por haberme confundido y sin embargo
tampoco sentía culpa alguna; me engañé
y trate de evadir el dolor de tu partida. La gente
-aún los que dicen saber- me dijeron que debía
continuar, que todo pasaría si yo daba el primer
paso para olvidar. Pero poco saben los que tienen
el conocimiento de las cosas de la tierra, cuando
el alma y el corazón conocen la senda de los
milagros. Porque el amor, no entienden de tiempos
o razonamientos. Ciertamente seguí respirando
sin ti, pero dentro, sólo Dios y yo sabíamos
que el pabilo y la vela estaban clavadas en una cruz
que no tenía olvido, que era tuya, sin remedio.
Hace
siete días, hoy que retomé mi testamento,
que comprendí con humildad que no hubo nada
que me diera la sonrisa que encontré al mirarme
en tus ojos. Hace siete días que Dios creo
de nuevo al universo y ciertamente sé que existe
la felicidad compartida porque la viví a tu
lado, sin miedo.
Sabía
que no podías quedarte, que cuando te marcharas
todo volvería a zarpar al infierno. Pero sentí
por vez primera, que todo valdría la pena.
Los demás días, luego que Dios olvidara
la creación, ésta existiría de
otra manera en este mundo; sabía que mientras
tuviera aliento ya no preguntaría ¿por
qué no fui yo?, ¿por qué sé
del amor y no lo tengo?. Nos concretamos a vivir lo
que la vida nos daba, sin engañar a nadie,
tomando todo con la mano diestra y poniendo la siniestra
para que se ocupara de las pesadillas cuando partieras.
Cada vez que
me quejé en poemas, que lloré en cartas
era por una franca rebeldía a Dios, a la vida
y sus menesteres que van arrodillados por el firmamento.
Parecerá difícil ser virgen a esta edad,
pero segura estoy que no fui la única virgen
que vivió por algunas horas el paraíso
en este mundo, que sólo sabe de líneas
verticales y horizontales. Sé que el primer
beso, fue para los dos, de verdad el primer beso.
Aquel que se dá desnudo de desastres, aquel
que llena de insomnios los sueños pero de pura
y genuina felicidad, aquel que quita el hambre, que
golpetea desde la cabeza hasta los talones pasando
por el pecho.
Fueron horas
lentas para amarnos, para arder sin devorar lo que
de bueno tiene el universo. Nos amamos y no tengo
palabras para describirlo; podría escribir
que fuimos el pan, pero siento que puedo decir que
somos el pan que calma el hambre de toda la vida,
el beso que con ritos ora por la paz de todo el mundo.
Mis arcas las
llenaste de cosas simples -diría la gente-
que no sabe que amar, tiene la eternidad en las cornisas
de un cuerpo. Que cuando se hace el amor con tal alma,
ambas pieles, dejan de ir a la deriva y encuentran
a Dios justo entre orilla, orgasmo, saliva y cuerpo.
Derramaste tus sentidos más sentidos en toda
mi tierra, me cubriste con tu presencia de estrellas
y por primera vez me vi hermosa, como si Dios hubiese
bajado a darme el toque vital en la mirada para poder
decirte, no sólo con palabras, que te amo desde
antes de nacer y que moriré amándote.
Que igual que tú, en el último momento
de la vida sólo pretendo llevarme el brillo
de tus ojos acariciando mis ascensos.
Me
preguntaste de mi vida en estos años, en realidad
es que tuve una visión, desplegué las
alas por primera vez al cielo, supe de la miel que
guardaba para tu boca y fue tan fuerte el impacto
de saberlo que calle; porque todo lo que sabía
dejo de tener consistencia cuando tus brazos fueron
el puente de aquí hasta el cielo. No mentí,
es que nada tenía cabida en mis recuerdos;
te conté a grandes rasgos las cosas. Lo que
hubo en el pasado pertenecía al pasado y no
hubo cabida para el amor bueno. Sólo pensaba
que lo que podía recordar era tu adiós
y que después de eso, viví dormida o
intentando esconder que me había dolido más
de lo que quise aceptar, porque el mundo, los libros
de bienestar dicen que todo pasa, que el tiempo todo
lo cura. Y en parte tienen razón, el tiempo
curó la herida de tu adiós, le dio sentido
a mi entendimiento; el tiempo curó mi calendario
porque te sabía feliz y eso, cuando lloraba
me hacia calcular que al menos uno de los dos, estaba
en el camino cierto.
Mujer de poca
fe, quizás fui durante años. Madurando
a golpes de ese mismo calendario y cuando quería
pensar en algo que validara las horas, me salían
tus palabras y pensaba que todos los días eran
sábados de gloria pero cuando volvía
a la realidad detestaba que la vida hubiera mordido
de manera implacable el momento de conocernos.
Viste
casi todo lo que habita el hogar, pero abajo, en el
librero primero está un libro con nuestras
pocas fotos de aquel tiempo, ahí habitan tus
cartas y mis letras tan arrugadas y tan bordadas en
lágrimas que durante años no pude retener.
Pensé, ¡imagina! que lloraba por mil
cosas, que la vida había destruido mi cama;
y cuando tu cuerpo reposo en ella entendí que
siempre estuvo desierta porque no había cuerpo
que pudiera llenarla sin usuras y sin lamentos.
Dormimos poco,
porque creo que aún dormidos queríamos
estar despiertos, vernos y no dejar de vernos. Besarnos
y no dejar de unir los labios, hablar y resucitar
al mismo tiempo. Me vi en tus ojos, te vi dormido
y el plumaje de los espejos tomó forma por
vez primera. Olvidé las huelgas de amor, mis
batallas perdidas, mi identidad, los laberintos. Viéndote
dormir a mi lado, buscando con delirio mi cuerpo,
acariciando lo que jamás nadie más que
tú tocó: mi corazón y alma; sentí
la epifanía de que la vida nos viste con un
cuerpo, pero que dentro, el encuentro con Dios es
cuando el amor es cierto.
NNo
encuentro la llave para detallar nuestro encuentro,
no las hay, no existen en el diccionario palabras
y nada de lo que diga podrá aferrarse al papel
como éste amor acarició la fe, cuando
acaricié tu cuerpo. Duermes boca arriba, al
fin sé que lo que soñé es cierto.
Me abrazas y acomodas tu mano al cántaro de
miel que es la huella de mi presencia en la piel.
Me besas como si nosotros hubiéramos inventado
el beso.
Entendí por qué
no tuve una relación luego de ti, es que sumergirme
en otra piel me asqueaba, no podía compartir
un lecho. Te prometo, no dormí con nadie y
esto es lo que más me ha golpeado estos días,
no dormí porque no podía compartir la
noche y su fragilidad. Y descubrí que compartir
el amor y la noche contigo era como subir al cielo.
Quise pedirte que no te fueras,
quise arrancarte la promesa de regresar al tercer
día, como cuando Cristo resucitó para
no quedar muerta de nuevo. Quise oír de tu
boca un ven, que sin ti el mundo no es
mundo, la guerra es cierta y el amor no tiene cabida;
pero calle, calle por amor y por respeto.
Y esta vez ya no se aleja el
amor; ni me alejo, el ancho mundo no sé donde
me llevará, quizás no hay cabida para
los sueños, pero ha valido la pena soñarlos,
hasta los sueños que nunca fueron realidad;
Dios tendrá sus motivos y como dicen quizás
es que el destino está escrito y el mío
es tal cual es y debe haber un porvenir, para ambos,
ahora sí con luminosidad sabiendo que el amor
existe, que no es sólo un sueño sin
la promesa de Dios en esta vida para llevarnos a otro
océano. Y eso tú y yo ahora lo sabemos
¡de cierto!
Te amo tanto
que sólo sé que quiero para ti eso que
exige la vida con todos sus desconciertos. Me hiciste
prometer que aunque me enamorara podrías llegar
a casa y darme un beso, sonreí con benevolencia
porque sabía que tú lo necesitabas;
para qué decirte que El Hombre eras tú,
que nunca más me engañaría diciendo
que el amor tenía otro nombre, porque no lo
tuvo antes y sí lo hay no depende ni de ti,
ni de mi, sólo del destino. Te prometí
que así sería, pero sé y más
que todo ahora si asumo que luego de ti no habrá
nadie a quién llamar "mi alma o mi cielo"
porque sólo hay un alma y un cielo; y esas
palabras las tienes tú cuidando tu camino.
Lo que si sé de cierto y esto te lo prometo,
que lo último que veré cuando muera,
son tus ojos iluminando las alas de los míos
para esperar otra vida, donde quizás ahora
si coincidamos en el tiempo. Y tú, si tu promesa
es cierta verás los míos cuidando el
nuevo camino que nos haga coincidir en el destino.
Mientras,
debes saber bienamado hombre: que tú eres el
único amor que he respirado, por quién
podría vivir o morir sin decir una maldición
o un lamento. Te prometo que oraré porque encuentres
lo que has soñado, porque esas risas que ansias
sean ciertas aunque eso signifique que aunque nos
volvamos a encontrar deberemos mantener la distancia
para que caminemos en el espacio de la Epifanía.
Deseo que lo que deseas sea lo mejor, que Dios, no
objete tus peticiones, que al menos uno de los dos,
vaya por los pueblos sin acribillarse tapando el sol
con un dedo.
Tampoco es que quiera ser mártir
de este amor, ¡no es eso!. Me has hecho mujer
y libre caminaré, has validado mi espera, la
fidelidad hacia las promesas que tejimos en otros
tiempos. Los espacios abiertos son lo que anhelo.
Que no lamento este encuentro, que doy gracias a Dios
por habernos bendecido porque sé, ¡ahora
sé!, que el amor me habita y no necesito respuestas
a mis preguntas; la respuesta ha sido abrir el corazón
de lleno, hacernos el amor con el alma y encontrar
que el cansancio del cuerpo, es una comunión
en un mar sereno.
Te dí no lo mejor de
mi, sino lo mejor que soy a partir de ti; no fue ningún
regalo nada de lo vivido, fue la manifestación
de Dios la que nos inundó por completo. No
hubo uno de los dos que diera demasiado
o que sintiera que no era suficiente,
ahora sabemos que no podemos conformarnos con menos.
Y esto no quiere decir que dé gracias por tu
ausencia, pero si ella te lleva a tu camino de dicha,
entonces la noche no tiene oscuridad, sino el reflejo
de la luz que desnuda durmió cobijando las
horas de mis piernas enraizadas en tu cuerpo.
No pido ni espero nada, porque
la belleza se ha quedado conmigo, tiré cosas
que no me sirvieron nunca, llaves que ni me importaron,
ni fueron el hogar que pretendí tener al engañarme.
Tú me has dado otras llaves y enseñado
otras puertas, las del amor que no ensombrece el día
a día, aquel que es amor: ¡amor del bueno!.
Te prometo que aquí se quedo tu voz, tu olor,
tu presencia; hacia donde miro has dejado un recuerdo
que me sorprende cada momento. En estos días
que has estado lejos no niego que también he
llorado pero cuando empiezo a llorar pensando que
es con dolor, de pronto me doy cuenta de que es de
puro agradecimiento porque hay gente que jamás
toca el cielo; porque mi vida ha sido bendecida con
la bendición de tu vida.
Si debes saber
y tomar la responsabilidad de vida, de que fue un
privilegio que durmieras en mi cama, que en realidad
fue nuestra desde siempre. Ahora sé que tiene
cuatro esquina, un orgasmo en cada reflejo, un beso
en cada mañana y los buenos días de
una boca que adoro, que amo y deseo.
Cuando
tomaste tu maleta y te acompañe al aeropuerto,
hubiera querido encadenarte a mis brazos; pero el
amor no sabe de eslabones sino de Bienaventuranzas,
así que hice lo que te prometí, no hacer
más difícil el momento del "hasta
luego", me reí como el río que
sabe que tiene que pasar bajo el puente de los lamentos.
Amar tiene vida propia, decanta los pecados y solo
dá claridad aún en el embeleso. El verdadero
amor no está ciego, va con los ojos bien abiertos;
como cuando mi mirada se sumergía en tus pupilas
y sentía como nuestras respiraciones se acompasaban
con el respiro de Dios.
Me arrullaste como en el cuentos;
cantaste y tu voz alimento mis letanías. Jamás
fui tan bella, tan mujer, tan deseo, tan pasión,
tan ternura como en tus manos. Sé que tocar
el cielo debe tener un precio para los mortales, amado
y amante puedo afirmar que son la voz de que Dios
de verdad existe y que el amor es cierto. ¡Es
cierto!, lo afirmo en tu presencia y ya sé
que no hay ausencia cuando el alma se alimenta de
un amor bueno.
Perdona que
no diga que eres el mejor amante, es que no tengo
puntos de comparación; tú has sido el
único amado desde el templo de mi cuerpo; para
mi has sido el único. A nadie he amado como
a ti; nadie ha toca sendas que no me nació
recorrer con otro cuerpo. Es verdad que eres el único
amado amante que ha tocado mi cuerpo en su totalidad
desde la totalidad de tu cuerpo; sin vergüenzas,
sin falsos pudores; eres el único que ha dormido
en el lugar donde me exilié y que ahora, gracias
a ti, es un hogar sin desgarros, sin miedos. Puede
ser que conozcamos mil técnicas para rendir
el deseo a nuestros pies, pero ambos también
sabemos que las técnicas no valen para notros,
sabemos quiénes somos, y ahora, sabemos lo
que queremos por que no valoramos el "hacer el
amor" por la cantidad de orgasmos o movimientos,
lo valoramos desde el amor mismo. Sé que para
esta época somos unos cursis, que no tenemos
fundamento; pero tampoco nos importa, pretendemos
no dejar de ser quiénes somos y deseo que tú
no dejes de ser quién eres "un buen hombre"
y eso lo dice todo; aunque ambos sabemos que existe
el deseo de ser mejor, simplemente como seres humanos
y eso ¡si tiene fundamento!
Sé que puedo distinguir
la verdad de la mentira, los murmullos de tus suspiros;
me regalaste la llave de la verdad y ahora aunque
no quiera sé ver lo que debo ver, aunque no
siempre me gustará verlo.
Sé que nadie me ha amado
como tú y que a nadie he besado con tanta devoción
como si fuera un templo. Y ésto no quiere decir
que mi cuerpo se haya evadido, por el contrario, te
he amado con todo lo que soy en deseos del cuerpo;
porque amar bien es natural, nadie necesita un manual,
se dá solo, por la única necesidad de
adorar milímetro a milímetro el otro
cuerpo. Sé cuantos lunares tienes, donde están
y qué significan; no sé si tu cuerpo
es perfecto según los parámetros
de esta sociedad- pero te aseguro que para mi eres
la manifestación de la divinidad que nos hace
semejantes a Dios y es así como te amé,
por lo humano a semejanza del Verbo. Ahora sé
lo que significa la comunión de dos en el centro
de la totalidad que no merma, que no quita, que no
sepulta sino que abre el goce en la unidad del agua
y del fuego.
Tantas risas al amarnos, tanto
juntar nuestras manos en el instante supremo. Jamás
hubo tal humedad en mi cuerpo y que ardiera al mismo
tiempo. No galopamos haciendo el amor, desplegamos
las alas para vivir el amor de los desmesurados y
todo justo al mismo tiempo. Hace siete días
que Dios creo mi mundo y hoy sin ti, no está
desierto pero te echo de menos. Es normal me parece
a mi, cuando una sabe que si existe el cielo, queda
la virtud de un anhelo que desencadenan mil amores
y millones de deseos; pero más que nada queda
la certeza de que vivir bien, es lo único que
merecemos.
Mi alma: Si
amas a alguien deseo que te amen tanto como yo, aunque
sé desde siempre que no habrá tal prodigio;
y ¡vida mía! es lo único que lamento.
Nadie te puede amar como yo, ni nadie puede amarme
como tú, porque este amor no se dá como
sale el sol a diario. Sino cada esquina tendría
un recuerdo y perdería el milagro de ser, para
los que quieren creer que el amor es especial; y sin
embargo oraré por que para ti, sea cierto;
que te amen más, nunca menos. Que nada sea
igual, para que pueda seré mejor. Este amor
ha sido un regalo de vida para ambos; quién
sabe por qué o para qué. También
te digo que aunque ames a otra persona, jamás
sentirás esta electricidad que cintila como
un abanico de colores dentro ... muy dentro. Pero
se dará de otra forma y eso es lo maravilloso
del mundo que ningún amor es igual pero cuando
es, parece el único. Y tú verás
otros amaneceres, y pido que cada uno sea mejor que
el otro.
La
primera noche me arranqué las vendas de la
desesperanza, pensé que al menos el amor-amor
si existía y que Dios te puso en mi vida, no
para flagelarme por no tener el amor o amado cerca,
sino para enseñarme que las cosas acontecen
por sí mismas. Supe también que nunca
había tenido la pregunta correcta con lo que
respecta a mi vida, pero ahora todas las respuestas
son claras. No porque ahora haga preguntas más
grandes, sino porque durante años pensé
que el amor no era para mí pero es que no era
eso. Cuando uno se niega a sí misma es cuando
viene el sufrimiento y no nacimos para sufrir o sentir
culpas, estamos aquí para dar gloria a Dios
siendo felices.
Y encontré mi pregunta
correcta: ¿Qué quiero? y encontré
en tus ojos la respuesta: Quiero ser feliz y siendo
feliz poder dar alegría a los que amo. Pero
supe que la felicidad viene de dentro; a veces la
verdadera alegría no nace de los hechos mejores,
sino de hacer que lo hecho sea lo mejor de uno mismo
y encontrar las alegrías diarias es mi tarea.
Así que menuda tarea me has dejado corazón
... el precio de le verdad es la toma de conciencia
y eso ya, desde ese momento, ha sido una alegría.
Si tengo que pagar un precio que sea por la verdad
y ser feliz no es una cuestión de hechos externos,
sino de algo que debe haber en mí, paso a paso,
serenamente para lograr conciliar la paz con mis hechos.
Siempre
has sido tú, sólo tú... siempre
porque resumes al AMOR con letras grandes, no es desde
tí que amo, es desde tí que me dí
cuenta que soy merecedora de ser amor y fluir con
él hacia mi destino verdadero.
Mis
huesos te echan de menos, toda yo te necesito como
el aire al cuerpo. Quiero borrar de mis ojos el momento
donde te vi partir con tu camisa color amarillo cielo.
Dejaste olvidado tu mechero, tu camiseta, tu camisa.
En mi silla de trabajo, sobre la camiseta rosa esta
ahora tu camiseta verde, tu camisa junto a mi cada
vez que duermo; tu mechero sobre la mesilla. No es
que necesite algo tuyo para recordarte, para amarte;
te amo con la voluntad del amor que blanco e inmenso
no tiene ni sepulturas, ni distancias, ni tiempo.
Las he puesto ahí para poder dormir sabiendo
que algo tuyo cuida mi sueño. Y es que intento
aprender a ser fuerte pero soy frágil en muchos
sentidos, y no quiero terminar por amargarlo mejor
que he sentido con falsas expectativas y sabes que
lo único que de verdad quiero es oírte
llegar y no pensar en cuándo regresaras al
hogar; pero al mismo tiempo ya no te espero. Me dejaste
también tu música, tus canciones de
hace años y siento tu voz pegada a mi oído
como un regalo de vida, que nadie me quitará
porque sé que lo hiciste para mi, sólo
para mi, como tantas cosas en tan poco tiempo.
Tú
por el contrario no tienes nada físico mío,
no lo necesitas; te llevaste en la bolsa de la camisa
mi corazón, el alma pegada a tu cuerpo y en
la piel la certeza de que cuando decidas regresar
esta será tu cama, como ha sido siempre. Te
llevaste la fidelidad de mis madrugadas, la suavidad
de mi pelo, los besos que nacen cada día y
debo de ponerlos en el florero. No te llevaste un
mito, ni dejaste unos brazos cerrados, por el contrario
contigo se fueron mis manos para desordenar la niebla
y que tengas todos los días luz, aire, amor
y tiempo. Y al mismo tiempo me he quedado conmigo,
no estoy rota, ni a medias. Sé que te alegrará
todo lo que suceda en mi vida, que me deseas lo mejor
y lo mejor acontece cada momento.
Hace siete días a esta
hora bebí del agua de vida, volví a
la senda; no de la forma que quisiera es el HOY, porque
si lo fuera, no escribiría esta carta y estaría
en tus brazos, pero ... me basta cerrar un segundo
los ojos para sentirme como una cucharita en el cajón.
Antes de ti y después de ti es toda mi certeza,
no sueño con quimeras, tengo esta realidad
y es todo lo que poseo. Por primera vez no renuncio
a nada, porque tú, estás dentro. Por
primera vez no vivo un amor en ausencia porque está
presente en mi corazón, por primera vez no
lloro lamentando que tú debas estar en ese
barco, porque sé, que miramos al mismo punto
y que donde quiera que navegues mi amor es parte de
ti y te hace mejor y tu amor me llena tanto, que puedo
decir que soy bienamada.
¿Que preferiría
que estuvieras aquí?. No lo dudes, pero es
que estás, los gatos te echan de menos. Los
platos no se visten de fiesta, pero saber que comiste
en ellos los hace estar contentos. Esta vez sé
que es amor correspondido; que cuánto dijimos
es cierto. Sé que no poseo nada, solo respiro
con alegría y gratitud ante la vida que se
ha vestido para su primera comunión dejando
atrás la etiqueta de puta que tuvo hace tiempo.
Te amo, jamás lo dudes.
No renuncio a nada, si puedes y quieres regresar están
mis brazos abiertos, tu libertad sin cautiverios.
Esta vez no te has ido, te has quedado en la tinta
y el tintero; te has quedado en mis logros, en mis
sendas, en mi rostro dejaste insertado tus dedos y
en mi triangulo tu satélite de sal que ilumina
cada momento. Aquí tu cuerpo en la bañera,
tu palabra, tus promesas, tu alba, tu andar y yo despierta,
te sueño.
Y si no vuelves más
al hogar o si no regreso, cuando me vista de eternidad,
no te preguntes si me hiciste feliz, eso debes de
saberlo; pero también debes saber que fue muy
corto el tiempo y que a pesar de nosotros mismos,
el dolor no es algo que deje de alcanzar el destino
final que nos acecha; por cada sonrisa, seremos sonrisa,
por cada lágrima seremos dolor; uno no puede
mover el universo y luego marchar pensando que el
otro entenderá nuestra forma de ver la vida
sino lo hemos visto ambos con claridad. Te digo con
sinceridad que si quieres volver, puedes hacerlo;
pero también te digo que no te esperaré,
que continuaré con mi vida con más sentido
desde el sentido mismo del corazón.
Al
escribir esta carta quiero decirte que cuando muera
no iré a ningún cementerio, iré
a surcar al destino y ahí donde estaré,
te esperaré para abrazarte y decir: "por
fin has vuelto al hogar". Porque tú lo
has dicho primero, verte de nuevo, ha sido la vuelta
hogar y sé que no hubo dobles juegos. Sé
que a pesar de todo lo que has vivido, fue tu primera
vez como lo fue para mi. Y ... el hogar es el hogar,
sea cual sea la dirección, las llaves van en
esta carta, la dirección la conoces y sobre
todo sabes que sabemos que amar va sin condición,
sin cobardías y sin miedos.
También por vez primera
dijiste algo que me ha hecho reflexionar en este tiempo
y es que el frío luego de la pasión,
el silencio luego de la palabra, el dar tiempo cuando
después con lo mismo se quita el tiempo me
ha dolido mucho más de lo que sabría
decir o aceptar. Después de todo soy humana...
sin embargo debes saber que también en todo
este tiempo de ausencia he aprendido a amarme muchos
más de lo que antes sabía, he aprendido
que tengo un sitio en el camino y no el camino es
mi sitio, he aprendido que el hogar es mucho más
que dos noches de amor; ha sido un amor que dura para
siempre en la libertad de ser verdaderos; que el olvido
es algo que no merecemos.
He aprendido que sé
y aún debo aprender para qué saberlo.
Y aunque esta carta es de amor, de absoluto amor hacia
ti, también es de un total amor hacia mi. Sí
en tu maleta no tengo cabida, si llegamos tarde siempre,
si es que no hay sitio en el tiempo entonces sea bien
para los dos. Ahora sí se que puedo confiar
en Dios y decir "hágase tu voluntad"...
por he comprendido que su voluntad es el AMOR y se
manifiesta en todo lo que hay en el universo.
No hay más cartas que
escribir, siento hoy que esta es la última
misiva que hago. Sabes que todo lo escrito es por
ti, para ti, en ti; sabes del amor que por ti siento.
Que hice cartas o poemas con dolor no fue por ti,
el dolor siempre fue por mi y pero siempre iba el
amor por ti... dentro. No hay cartas de amor porque
desde hoy voy a ser amor y no tengo tiempo para escribirte,
pero cada acto de amor que haga, cada mano que se
acerque a mi para consuelo, cada paso que dé
lo daré desde la alegría de saber que
el amor es cierto ¡es cierto!. Y será
mi mejor carta, ¿verdad?. Sé que tú
comprendes ésto mejor que yo ...
Si muero hoy no tendrías
porque saber más, lo que es, ha sido dicho.
Lo mejor de nosotros no puedo escribirlo, no hay forma
de manifestar el amor. Ahora, si hubiera un día
más para nosotros, eso acontecerá tal
como debe ser, en la libertad del destino y cierro
mi ciclo de casi siete años escribiéndote
cartas porque ésta si te la haré llegar
y si hubiera un tiempo más juntos, las cartas
las escribiré en tu piel y con mi cuerpo; el
sobre será el alma e irán llenas de
besos. Por fin mis cartas llevan nombre y apellido,
de nombre BienAmado y de apellido el Bautismo que
encontraste en este cuerpo ¡no lo olvides!,
¡no te conformes con menos!.
No te puedo amar más
porque no hay amor más grande que este que
por ti siento. Salvaste no mi vida, que esa terminara
cualquier día. Salvaste mi alma, mi sonrisa,
mi poema, mi mejor sentimiento cuando el domingo dijiste
"buenos días mi amor" y la luz virginal
borro el dolor, los engaños, las mentiras e
hiciste que fuera un domingo de resurrección
al saber que palpitamos los dos en este gran universo.
Así como sé que salve algo de ti y espero,
deseo con todo el corazón que eso que ahora
está a salvo sepas conservarlo, porque yo a
pesar de que me quedo, me marcho del camino del sufrimiento...
simplemente soy una mujer Bendecida y ya no espero
-el amor ya está dentro-.
Te
amo, y no te digo nada ... todavía.
Ylia©
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