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Bardos - Poietés
Xan Pousada
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Plegaria en Desengaño
Cerrar los ojos,
¡ los cerraré !,
y dejaré que el pasado
se lave en pluscuamperfecto.
Y el tiempo
que pasé vestido de niño
flotando por tus umbrales,
se desgranará en esa hora última,
la que llenas de canes,
la que dibujas hambrienta,
la que esparciste en el siglo XX
por Auswitch, por Irlanda, por Serbia...
y buscaré la puerta por la que me niegas entrada.
Si cuando me muera,
¡ Dios !,
tú resultas ser el barbudo de las estampillas,
el bobalicón de los frescos,
el imposible de los templos budistas,
te recordaré que con carne y hueso,
con falta de esperanzas, con el tiempo desecho,
escribí cada día con sangre, di mi pan,
abrí mi puerta, mojé la pólvora, rendí besos...
y sin ser todopoderoso, sabio, eterno,
adopté un hijo, detuve una pelea,
le di días de mi corta vida a una mujer serena.
Sí cuando el reloj de mis ahoras se detenga
tú resultas ser un juez-verdugo que me imparte condena...
te miraré en ese entonces a los ojos,
y avergonzado daré la vuelta.
Me iré por donde la nada
se pierde y nada recuerda
que me engañé y me engañaste,
y con mi exilio
romperé los eslabones de tu pesada cadena.
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El Hombre que perdió estaciones
Este enero me desperté solo,
entre la nieve y las ventanas cerradas.
Y esta ciudad estaba desnuda mientras tus sombras
eran violadas en los arrabales del puerto en llamas.
Y esta ciudad temblaba mientras miraba tus fotos derramadas
sobre la mesita de noche como una lágrima que no se acaba.
Y esta ciudad soltó un alarido de virgen desflorada
mientras me sentaba en la cocina y me preguntaba
dónde habría caído el cadáver del gato que nos miraba
desde el sofá
en las noches en que te hacia el amor hasta la mañana.
Y te busqué, lo juro que te busqué, por los bares cerrados.
En prostíbulos huraños me dijeron
que habías tomado el último tren a ninguna parte.
En la estación donde el ferrocarril acaba en Otoño
me dijeron que te vieron subir triste en un vagón de circo.
En feria del pueblo dicen que te vieron por última vez
desgreñada, rucia, con sangre subiéndosete por las sienes,
entrar en un convento desnuda y descalza.
Y así pasé estaciones de mi vida
que no fueron contadas en los calendarios.
Y un Otoño después de haberte dado por perdida hace años
te encontré
en un bar de la zona vieja de esta ciudad ancestral.
Tu pelo era lacio,
y tenias manos extrañas surcándote los pechos.
Vi piernas intentando cruzarse con tus piernas, y sólo sombra
en los huecos que descubrían lo secreto de tu falda.
Estabas intentando llegar al cielo,
estabas intentando encontrar las noches
que perdiste cuando te fuiste de mi cama.
Te cayo la jeringa al suelo,
alguien estornudo cerca de la coca,
se armo un gran revuelo,
y salí al frió del Invierno sin decirte adiós.
Encendí otro cigarrillo
de aquellos que fumábamos al acabar de querernos,
y entre el vaho turco,
me subí las solapas a la luz de la última farola.
Mientras me alejaba me dí cuenta
de que otra vez
había perdido otra estación de mi vida
por verte a tí naufragar.

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El Vigía
Al otro lado del río veo hogueras y niños saltándolas.
A mis espaldas las sombras de miles de hombres
que vienen remando conmigo en este vergel de discordia
se turnan usando el látigo y el tambor de marcar ritmos.
Venimos de una noche larga y triste,
y al otro lado de las promesas,
donde esperábamos encontrar tierra, solo hallamos frió.
Y en cientos de libros hemos perdido cuenta
de los camaradas que perdimos en los laberintos de esta era.
Construimos imperios, derrocamos civilizaciones,
coronamos monarcas, y entronamos dioses.
Pero se nos acabo el siglo veinte, y aquí nos tenéis:
los harapientos sobrevivientes de la torre de Babel.
Aún nos peleamos por apagar la vela primero,
por tomar la cama de arriba en nuestras estrechas literas,
por ser los primeros en llegar a la cena,
por sentarnos en la quilla, y decir que ahora el mar es nuestro.
Seguimos tirando cadáveres por la borda
después de nuestras terribles rencillas,
y los que adoran a la luna aUn batallan
con los que adoran al sol cuando los eclipses abundan.
A veces sueño que uno de esos niños al otro lado del río
es Ulises, o Jasón,
y que se acerca un alba de héroes nuevos.
Pero después oigo los gritos
de las mujeres sufriendo a mis espaldas,
las victimas de los incendios,
los crucificados, los encarcelados...
Y no tengo más remedio
que ungirme de cuero celestial y milenario,
encoger los hombros, y seguir oteando el levante.
Algún día llegaremos a nuestro puerto,
sueño una noche tras otra,
cuando aprendamos a vivir como hermanos en esta nave.
Galicia: O Fogar De Breogan
http://www.breogan.net
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Temos un fogar novo!!!!!
Galicia Medra. Medra Con Nos
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